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Edición nº 7 - Abril/Junio de 2009

El umbral del tiempo




por Ana Alejandre


Se asoman silenciosas la horas al umbral de un tiempo que parece detenido en la rutina de los días. No existen referentes posibles en este piélago al que los seres humanos llamamos vida cotidiana o, peor aún, rutina. Faltan unos días, pocos, para que comience el puente de Semana Santa, en el que la huída en busca de alicientes equívocos lleva a millones de personas a desplazarse a un lugar diferente, en esa huída continua que nos lleva a todos a buscar siempre en otro lugar a aquel que no somos, pero que querríamos ser y en el que creemos que están depositadas todas las esperanzas incumplidas.

Después del regreso de esas cortas vacaciones, otro paréntesis más abierto entre la insatisfacción y el deseo, la vida parecerá tomar el mismo ritmo de siempre en el que se repiten los gestos cotidianos, los quehaceres y la costumbre, silenciosa se queda agazapada entre los pliegues de lo que algunos llamaron “angustia existencial”. Muchos se preguntarán, recién llegados del corto paréntesis en forma de escapada, cuánto falta para el siguiente punto de inflexión en forma de puente o vacaciones, en el que olvidarse, de nuevo, de sí mismos, de esas identidades que, por manidas, les parecen ya demasiado pesadad para seguir soportándolad durante muchos meses más.

Sin embargo, el tiempo sigue avanzando en un ritmo demasiado lento para las expectativas de quienes creen que la vida siempre está en todas partes aguardándolos, menos en aquella en la que habitan. Y ese mismo tiempo, que ayuda a huir de vidas no vividas nada más que en función de carretera y de emigración provisional, es el que, al regreso, encuentran, implacable, como recordatorio fatal de unas vidas que se les va,precisamente, porque se quedan parados, atrapados, en la misma cotidianidad donde naufragan sus esperanzas, sus anhelos y esos sueños fallidos del que hacen albacea al tiempo, en una invocación, continuamente malograda, para su siempre esperado cumplimiento.



(Este texto fue publicado en Entre Lineas http://www.anaalejandre.com, en Mayo de 2006)













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