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Manuel Chaves Nogales
Manuel Chaves Nogales
MANUEL CHAVES NOGALES
(1897-1944)
CONSIDERADO HOY COMO EL MEJOR PERIODISTA DEL SIGLO XX, FUE CRONISTA DE LA GUERRA ESPAÑOLA Y TUVO QUE SALIR AL DESTIERRO POR SU IMPARCIALIDAD.
RECIENTEMENTE UNA GENERACION DE INTELECTUALES-ANDRES TRAPIELLO, ANTONIO MUÑOZ MOLINA O JORGE MARTINEZ REVERTE- HAN RECUPERADO SU OBRA Y SU FIGURA Y DOS JOVENES AUTORES –DAVID SUBERVIOLA Y FELIPE TORRENTE- HAN ELABORADO UN DOCUMENTAL QUE RECOGE LAS ENTREVISTAS Y LOS DOCUMENTOS QUE NOS ACERCAN A SU FIGURA CON EL TITULO “EL HOMBRE QUE ESTABA ALLI”
Lura López-Ayllón
BIOGRAFIA
Manuel Chaves Nogales nació en Sevilla de familia intelectual, pues era nieto de un pintor y su padre fue periodista de “El liberal”, cronista de la ciudad y miembro de su Academia de Buenas Artes y su madre concertista de piano.
Tras la muerte de su padre en 1914, simultaneó sus estudios de Filosofía y Letras con sus inicios en el periodismo. De 1918 a 1921 escribió en El Noticiero Sevillano y La Noche, y en 1920 se publicó su primer libro, Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos.
Casado con Ana Pérez en 1920, Chaves Nogales se trasladó dos años después con su mujer y su hija Pilar a Madrid, donde llegó a ser redactor jefe de “El heraldo” y participó en tertulias literarias. En 1927 ganó el premio Mariano de Cavia, con el reportaje La llegada de Ruth Elder a Madrid, que contaba el viaje de la primera mujer que cruzó en solitario el océano Atlántico.
De 1927 a1937, Chaves Nogales colaboró en “Estampa” y en “El heraldo” y viajó constantemente realizando reportajes, la mayoría sobre aviación, como el que recoge su viaje a la URSS que relata en “La vuelta al mundo en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja” (1929).
De este tiempo y fruto de viajes a Europa son también “La bolchevique enamorada, “Lo que ha quedado del imperio de los zares” (1931), la novela “El maestro Juan Martínez, que estaba allí” (1934) y la biografía de “Juan Belmonte, matador de toros, su vida y sus hazañas” en 1935.
En 1931 se convirtió en director del diario “Ahora”, próximo a Manuel Azaña, de quien Chaves fue políticamente partidario. El diario era en su momento uno de los más vendidos de Europa.
A este respecto Chaves escribió en “Por nosotros y por los que miran”: . Sobre su labor destaca la portada del 14 de julio de 1936, dividida en dos mitades, una con la fotografía del teniente Castillo y la otra con la del político Calvo Sotelo, ambos asesinados por facciones opuestas cuando los otros periódicos no se atrevieron. Chaves escribió a este respecto:“La execración de los dos crímenes cometidos en la persona del oficial señor Castillo y del ex ministro señor Calvo Sotelo está en el alma, en el pensamiento y en los labios de toda persona honrada”.
Organizó una nueva red de reporteros a escala mundial y viajó cubriendo acontecimientos de la época y entrevistando a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler, al que calificó en un reportaje de «ridículo e impresentable», y en el que advirtió de los campos de trabajo del nuevo fascismo alemán.
Cuando estalló la guerra civil Chaves se puso a través de editoriales a favor de la república y en esta postura aguantó hasta que el gobierno abandonó Madrid. Al comprender que ya no podía hacer nada por su país, abandonó España y se exilió en París desde donde colaboró en diarios hispanoamericanos y escribió su testimonio de la guerra civil, que hoy conocemos como “A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España”, publicado en Chile en enero de 1937.
Otros que también intentaron escribir en la misma línea como Julián Zugazagoitia, pero en este caso fue detenido por la Gestapo en 1940.
En esta obra Chaves destaca las brutalidades de ambos bandos y comenta “la crueldad y la estupidez se enseñoreaba entonces de toda España”, él atribuyó “a la peste del comunismo y del fascismo a partes iguales”.
Su diagnóstico era que el totalitarismo que había triunfado en España tras la guerra civil era consecuencia del “miedo de los sectarios al hombre libre e independiente. Consideraba que la causa de la libertad en la España de entonces no había quien la defendiera y no se permitió el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos porque “para un español quizá sea eso un lujo excesivo”.
Su actitud demócrata le hizo trabajar desde su exilio en París contra el fascismo que amenazaba Europa en diarios hispanoamericanos y en medios franceses como Cooperative Press Service, L’Europe Nouvelle y Candide.
Desde su propia vivienda organizó una publicación artesanal con el nombre de “Sprint” y, desde ella explicaba lo que ocurría a los exiliados españoles, por medio de las propias noticias de otros exiliados que llegaban a Francia.
En 1940, cuando las tropas alemanas entraron en Francia, Chaves Nogales figuraba en las listas de la Gestapo y se vio forzado a abandonar París y dirigirse a Londres donde dirigió The Atlantic Pacific Press Agency, escribió su propia columna en el Evening Standard y colaboró con la BBC en sus servicios extranjeros.
El fue a Londres, pero su mujer, embarazada, su hijo y dos de sus hijas regresaron a España en 1940, y fue en este viaje donde nació en un campo de refugiados de Irún su hija menor, Juncal.
Chaves Nogales vivió cuatro años en Londres luchando contra los extremos de la derecha y de la izquierda hasta que falleció a los 46 años de un cáncer de estomago. Su sepultura sin lápida permanece desde entonces en el North Sheen Cemetery de Richmond.…………………………………………………………………………………
El resurgimiento de Chaves Nogales comenzó cuando María Isabel Cintas solicito a su profesor de la Universidad Hispalense un tema para su tesis doctoral y este le recomendó estudiar a un periodista autor de una biografía del torero Belmonte y algunos reportajes sobre la revolución rusa.
Cintas descubrió que Chaves era un periodista diferente a otros de su tiempo, porque no era de redacción y memoria, sino que se acercaba y transmitía las cosas “con normalidad” como su acercamiento a la Semana Santa y a los campesinos. Lo encontrado llevó a Cintas a publicar su “Obra Narrativa” en la Diputación de Sevilla.
Para Soledad Gallego-Díaz, Chaves fue quizá el exponente más valioso del periodismo de la Segunda República Española entre otras cosas porque escribió reportajes prácticamente sobre todos los puntos conflictivos de la Europa de su tiempo y por haber demostrado su independencia al afrontarlos y añade que precisamente esa independencia le llevó a un exilio muy temprano y a su expulsión de los manuales de periodismo y de literatura. Chaves estuvo en una revolución –la rusa-, en una guerra civil –la española- y en una guerra mundial –la segunda-, y en todo momento intentó reflejar lo que vio procurando hacerlo de forma independiente cuando tropezaba con la crueldad
Cintas considera que si hubiera que situarlo en algún sitio sería en el Olimpo de los periodistas, pero de la tradición española y europea y no de la americana. Su periodismo –añade- es narrativo y lo que puede tener de literario es espontáneo y no buscado. Su lema fue “Andar y contar es mi oficio”.
Nos dice también que el periodista era físicamente de complexión fuerte aunque no muy alto, ojos azules y siempre vestido con traje, pajarita y sombrero y ambos lados de los combatientes de la guerra lo buscaban para matarlo.
Antonio Soto leyó su necrológica en la BBC el 9 de mayo de 1944 y en ella recordó que en su opinión era uno de los mejores periodistas españoles y seguramente “el de más nervio y tesón para organizar una empresa de periodismo, dirigirla hasta sus mínimos detalles y llevarla siempre al mejor de los fines: el liberalismo, que fue siempre su pasión de toda la vida”.
La familia de Chaves, que murió poco antes del desembarco en Normandia, estaba refugiada en El Ronquillo, pueblo del norte de Sevilla y conoció a muerte casi un mes después, cuando su hermano Pepe, que lo había escuchado en la BBC, fue a este pueblo a contárselo. Pidieron que les fueran enviados objetos personales -la máquina de escribir o ciertos papeles-, pero nunca llegaron. Se cree que o fueron requisados, que alguien se quedó con ellos, o fueron destruidos.
Murió en 1944 pero sólo comenzó a ser un poco leído en los años noventa. Se cree que si ha sido olvidado es porque Franco le condenó a inhabilitación absoluta y perpetua a través del Tribunal Especial para la represión de la Masonería y el Comunismo.
Muñoz Molina explica este olvido porque considera que su generación era antifranquista en política, pero no demócrata como la mayor parte del antifranquismo español y, descubierto Chaves, lo compara a escritores como Joseph Roth o Stephan Zweig porque considera que los tres son defensores de un humanismo democrático y cosmopolit.…………………………………………………………………………………
Muestras del periodismo de Chaves.
“Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional”. Un consejo obrero, formado por delegados de los talleres, desposeyó al propietario de la empresa periodística en que yo trabajaba y se atribuyó sus funciones. Yo, que no había sido en mi vida revolucionario, ni tengo ninguna simpatía por la dictadura del proletariado, me encontré en pleno régimen soviético. Me puso entonces al servicio de los obreros como antes lo había estado a los órdenes del capitalista, es decir, siendo leal con ellos y conmigo mismo. Hice constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado, y me comprometí únicamente a defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados. Me convertí en el “camarada director”, y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid………nadie me molestó por mi falta de espíritu revolucionario, ni por mi condición de “pequeño burgués liberal”, de la que no renegué jamás”.
Entre sus escritos sobre la guerra en Madrid, Chaves escribió:
“Los madrileños se han puesto a levantar barricadas. Cada uno hace la suya a su gusto y según su concepto particular de la estrategia. Los vecinos de la calle tienen a orgullo que su barricada sea la mejor del barrio. Como cada cual concibe la guerra como un asunto privado y todos creen que la gran batalla para el aniquilamiento del fascismo internacional tendrá lugar a la puerta de su casa, se prescinde de la consideración general y las barricadas cortan abiertamente la circulación, impidiendo el paso de camiones y retardando los movimientos de tropa y suministros. Hombres, mujeres y niños trabajan febrilmente levantando el adoquinado y llenando con tierra los sacos de que disponen; cuando se les acaban los sacos llenan de tierra unas bolsas de papel que han improvisado, los bidones usados, los tiestos, los pucheros, todo cuanto tienen a mano”.
De su visita a Alemania el 21 de mayo de 1933,Chaves escribió una entrevista con el doctor Goebbels y manifestó su impresión de que era “un tipo ridículo, grotesco, con su gabardina y su pata torcida” que “se ha pasado diez años siendo el hazmerreir de los periodistas liberales. Hay en él la misma capacidad de sugestión y de dominio que en todos los grandes iluminados, en todos esos tipos nazarenoides de una sola idea encarnizada: Robespierre o Lenin.
«CÓMO CAYÓ MADRID; HORAS DE ANGUSTIA»
MANUEL CHAVES NOGALES
Entre UN JÚBILO INMENSO, LAS TROPAS NACIONALISTAS HICIERON SU ENTRADA EN MADRID. «Hay que provocar en Madrid un movimiento en favor de Franco; si no, la población está perdida». El coronel Segismundo Casado, ministro de la Defensa Nacional del último Gobierno republicano que él constituyó el 5 de marzo, reflejando en los rasgos la terrible enfermedad que padece -una úlcera en el estómago-, recibe en su pequeño despacho instalado en lo más profundo de los subterráneos del antiguo ministerio de Hacienda, a un joven, que pasó dos años y medio escondido en una embajada de la capital: Veglisson, miembro del triunvirato de la falange de Madrid, hijo de un ingeniero francés. Casado sabe que la ciudad está perdida. Después de haber expulsado al doctor Negrín el 5 de marzo y reprimido el levantamiento comunista en el curso de una semana de rudos combates en las calles de Madrid, ofreció la paz a Franco. Al principio, el generalísimo no respondió; luego, el 13 de marzo, pidió bruscamente que se le entregara toda la aviación republicana en un plazo de cuarenta y ocho horas. Hay viento de tempestad. Los aviones están dispersos. Imposible. Franco envía entonces un ultimátum. La guerra se reanuda. ¿Contra quién? Casado examina la situación de los cincuenta mil soldados agrupados en las trincheras abiertas delante de la ciudad. Dos o tres mil solamente permanecen en línea desde que el Consejo nacional de defensa pronunció estas palabras. Luego los soldados abandonaron las posiciones, volviendo a ocupar el lugar que habían dejado. Los que permanecen en las líneas son los que viven en Madrid. Contemplan con hastío el material usado cuya guardia está confiada a ellos, comienzan a colocar trozos de tela blanca en sus fusiles. Los comisarios políticos, los oficiales que fueron voluntarios el 18 de julio de 1936, las gentes comprometidas emprendieron la huida hacia la costa.
HACIA ALBACETE. Se prohibió a los garajes la salida de los carruajes, se ordenó al control de rutas que detuviera a los visitantes. ¿Pero quién hubiera podido contener la ola humana que arrastraba la carretera de Valencia? Casado ya no tiene tropas para asegurar el orden. Los dirigentes de la Seguridad se marcharon. Empero, los comunistas permanecieron en la ciudad. Desde hace ocho días se encuentran en la madrugada un sinnúmero de cadáveres de gentes asesinadas a las cuales se les han robado los papeles de identidad. Casado sabe también, que veinte mil anarquistas de las tropas del frente de Guadalajara intentaron hacer de Madrid una nueva «Numancia», encerrarse en la capital después de haber fusilado con ametralladora a todas las bocas inútiles. Había dado su palabra a los anarquistas de salvar a todas las gentes comprometidas. Pero ninguna nación quiere darles hospitalidad. Son de diez a veinte mil. Madrid cuenta con seiscientos mil habitantes. Por primera vez en su vida, Casado será perjuro. -Mañana, la ciudad será ocupada por las tropas nacionalistas -responde Veglisson. Después de un momento de vacilación, el coronel Casado le estrecha la mano. Atraviesa la antesala donde están reunidos sus oficiales de ordenanza: -Señores -dice-: ¿Quién me acompaña a Albacete? Algunos le siguen. El coronel va luego al sótano blindado donde duerme don Julián Besteiro. El viejo líder socialista, distinguido como un grande de España, y el jefe se abrazan, Casado sube después en su Studebaker estacionado en el patio del ministerio. El auto desaparece en la noche. Madrid ya no tiene defensor.
LA PAZ. Veglisson alerta a sus falangistas. Los pendones con los colores nacionalistas, las franjas de la falange salieron de los escondites donde se ocultaban desde hace dos años y medio. Se confeccionó de prisa el mayor número posible de banderas blancas. El martes 8, a las 9 de la mañana, una nota es leída en la radio que casi nadie entiende: «Madrid hace su rendición». Los transeúntes ven con estupor una bandera blanca flotando en el palacio de la prensa y que se puede distinguir desde las líneas enemigas. Algunos coches pasan con ocupantes que gritan: «¡Viva Franco!». De los edificios colocados bajo la protección de Chile, Rumanía, Cuba, El Salvador, Uruguay, Guatemala, se ven salir una fila de hombres lívidos, con los cabellos largos, el pelo hirsuto, vociferando como dementes. Son los asilados. Uno de ellos sale corriendo de la embajada de Chile y se detiene de golpe en la acera. Comienza a chillar: «Yo era un asilado: ahora soy un hombre. ¡Viva Cristo-Rey!». Cae en el pavimento, víctima de una crisis nerviosa. En las calles comienzan a desfilar los camiones cargados de criaturas, de jovencitas, el brazo tendido, gritando: -¡Viva Franco! Los madrileños parecen atontados. La gente se interroga. Se va en busca de noticias. Se dice que la paz ha sido firmada...
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