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José Saramago

 

José Saramago

José Saramago

 

José Saramago

Ana alejandre


José Aramago (Azinhaga, 1922 - Tías, España, 2010) Narrador y ensayista portugués, Premio Nobel deLiteratura1998. Hijo de una familia humilde de labradores y artesanos, Después de pasar un tiempo con su familia en Argentina, regresaron a Portugal y se instalaron en Lisboa, ciudad en la que creció en un barrio humilde y populoso. Aunque su madre era analfabeta, supo inculcarle a su hijo el deseo de conocimiento y, para ello, le regaló un libro, su primera lectura.

Su primera novela Tierra de pecado, de 1947, novela de corte realista, pero que no está incluida habitualmente en su bibliografía. obtuvo muy buenas críticas, aunque Saramago estuvo veinte años sin publicar a partir de entonces. Fue en 1966 cuando publicó Los poemas posibles, a la que continuó Probablemente alegría, que son colecciones de poesías en las que trata temas tan comunes en la poesía como son el amor y el erotismo, pero desde un tono irónico, que supuso una evidente renovación del lenguaje poético convencional.

Trabajó en una caja de pensiones y, posteriormente, ejerció como periodista, traductor y editor. Colaboró en varios periódicos, entre los que figura Seara Nova; además, fue codirector del Diario de Noticias, en 1975.

Sus inquietudes políticas le llevaron a afiliarse al Partido Comunista Portugués, lo que le supuso ser perseguido políticamente y sufrir censura bajo la dictadura de Salazar. Participó en la Revolución de los Claveles, en 1974.

Se confesaba escéptico y eso le llevó a mantener una actitud ética y estética, independiente de ideologías partidistas. Se sentía comprometido con el género humano, lo que le llevaba a sostener una controvertida comprensión de la Historia y, por ende, de la cultura que se pone de relieve en toda su obra, en la que se hace preguntas sobre la historia de su país y las motivaciones humanas, siempre complejas y, muchas veces, incomprensibles. Le parecía fundamental el hecho de poder encontrar respuestas al enigma que significaba que un país como Portugal, que había sido un imperio, había quedado en un papel segundón en el ámbito europeo. Además, el intento de comprender el misterio que representa la naturaleza humana y los motivos de sus acciones, eran lo que constituían la pieza clave de su obra.

Todo esto no quiere decir que su narrativa, que tiene como punto central la Historia de Portugal, tenga un carácter histórico, Sus relatos ofrecen una sabia mezcla de historia y ficción, con la que intenta dibujar lo que podría haber sido y no fue. Es decir, la historia posible en contraposición con la real. Todo ello siempre envuelto en una fina ironía y con evidente preocupación social.

En su obra se encuentran libros de crónicas, obras teatrales y de viajes, como es el título Viaje a Portugal (1981). Sin embargo, lo más importante de su obra comienza con la publicación de El año 1993 (1975). Posteriormente, con la novela Manual de pintura y caligrafía (1976) que lo consagró como un narrador con un impecable nivel estilístico, línea que prosiguió en la colección de cuentos Casi un objeto (1978) y en sus últimas novelas.

En su novela Alzado del suelo (1980) volvió a mostrar su gran maestría narrativa. Dicha obra transcurre en el Alentejo, entre 1910 y 1979, y en la que se aúnan el lenguaje campesino, el sarcasmo y el más soterrado humor para hablar de la realidad, utilizando la prosa poética y la forma de narrar propia de la tradición oral. Con todos esos elementos crea un gran mosaico de la sociedad alentejana y demostró que había conseguido la madurez narrativa al consolidar un estilo que superaba el estilo neorrealista de la novela rural.

Le siguieron Memorial de un convento (1981) en la que narra la historia del convento de Mafra, con la que reconstruye un período histórico de Portugal hasta ahora desconocido.

Otros títulos fueron El año de la muerte de Ricardo Reis (1984) ) y La balsa de piedr a(1986) que dieron, nuevamente, testimonio de su `pericia narrativa. En la primera de ellas, Saramago convierte en protagonista de su novela a Ricardo Reis, uno de los heterónimos de Fernando Pessoa.

Su amplia obra incluye novelas, diarios y diversas publicaciones. Entre los títulos que la componen se encuentran títulos como Historia del cerco de Lisboa (1989), Todos los nombres (1997) y la obra teatral In nomine Dei (1993). En El Evangelio según Jesucristo (1991) es una versión heterodoxa de la vida de Jesús de Nazareth, obra en la que se advierte su oposición a todo dogmatismo que está presente en toda su obra, a pesar del gran escepticismo que es una característica suya primordial.

Publicó después Ensayo sobre la ceguera (1995), obra en la que expone la responsabilidad de todos por no querer ver y denunciar los abusos, injusticias, desmanes en la sociedad actual y se preguntaba si hay posibilidad de tener aún esperanza a comenzar el siglo XXI: Más tarde, publicó Cuadernos de Lanzarote (1997), un singular libro en el que cuenta la vida cotidiana, y hace reflexiones sobre la naturaleza del ser humano, el espacio y el tiempo. Todo ello a modo de diario.

Al año siguiente le fue concedido el Premio Nobel de Literatura de 1998. Publicó La caverna, novela en la que se encuentran ecos platónicos. Dos años más tarde, publicó El hombre duplicado (2004), a modo de reflexión sobre la naturaleza de la identidad.

Después vendrían Ensayo sobre la lucidez (2004), una serie de reflexiones sobre la actual democracia, en la que defiende el voto en blanco cuando los gobiernos son aliados del poder económico. A esta obra siguieron En Las intermitencias de la muerte (2005) en la que se hace la inquietante pregunta de qué pasaría si la gente dejase de morir, usando la parábola de un país imaginario en el que sus habitantes se hiciesen inmortales.

Publicó al año siguiente Las pequeñas memorias (2006), de carácter autobiográfico, obra en la que repasa sus años de niñez y adolescencia. Después, apareció El viaje del elefante (2008), en la que hay una mezcla de realidad y ficción Por último, publicó Caín (2009), su última novela, en la que hace un irónico repaso de algunos pasajes del Antiguo Testamento.

La crítica reconoce a su obra como una de las más importantes de la literatura contemporánea. Le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura en 1998, siendo el primer escritor portugués en conseguirlo. Además, le han sido concedidos numerosos galardones y doctorados honoris causa (por las Universidades de Turín, Sevilla, Manchester, Castilla-La Mancha y Brasilia). También, recibió el Premio Camoens, que equivale al Premio Cervantes en los países de habla portuguesa.

Sus últimos años de vida los pasó en su residencia de la isla de Lanzarote, en Canarias, junto a su compañera Pilar del Río.

 

 

Bibliografía

José Sarmago, escritor

Novela:

Tierra de Pecado (1947)
Manual de Pintura y Caligrafía (1977)
Casi un Objeto: Relatos (1978)
Levantado del suelo (1980)
“Memorial del convento” (1982)
El año de la muerte de Ricardo Reis (1984)
La balsa de piedra (1986)
Historia del cerco de Lisboa (1989)
Evangelio según Jesucristo (1991)
Ensayo sobre la ceguera (1995)
Todos los nombRes (1997)
El cuento de la isla desconocida (1998)
La caverna (2000)
La flor más grande del mundo (2001)
El hombre duplicado (2002)
Ensayo sobre la lucidez (2004)
Las intermitencias de la muerte (2005)
El viaje del elefante (2008)
Caín (2009)
Claraboya (2012)

Crónica:
De este mundo y del otro (1985)
Las maletas del viajero (1986)
El viaje a Portugal (1990)

Memorias:
Cuadernos de Lanzarote I-III (1993–1995)
Las pequeñas memorias (2006)

Poesía:
Los poemas posibles (1982)
Probablemente alegría (1985)
El año de 1993 (1987)

Teatro:
La noche (1979)
¿Qué haré con este libro (1980)
La segunda vida de Francisco de Asís (1987)
In nomine dei (1993)
Don Giovanni o el disoluto absuelto (2005)

PREMIOS

Grande Premio de Romance e Novela (da Associação Portuguesa de Escritores), 1991
Premio Arzobispo Juan de San Clemente
Premio Brancatti (Zafferana, Italia), 1992
Premio Camões (1995)
Premio Cidade de Lisboa, 1980
Premio de Consagração de Carreira da Sociedade Portuguesa de Autores, 1995.
Premio de la Crítica (de la Associação Portuguesa de Críticos), 1985
Premio Dom Dinis (Fundação da Casa de Mateus), 1986
Premio Ennio Ennio Flaiano (Italia), 1992
Premio Europeu de Comunicació "Jordi Xifra Heras"
Premio Grinzane - Cavour (Alba, Italia), 1987
Premio Literario Internacional Mondello (Palermo, Italia), 1992
Premio Literario Municipio de Lisboa, 1983
Premio Nobel de Literatura (8 de octubre de 1998).
Premio Pen Club portugués, 1983
Premio Pen Club, 1985
Premio Penne (Mosca, Penne, Italia)
Premio Rosalía de Castro
Premio Scanno (Universidad Gabriele d'Annunzio, Chieti)

Enlaces:
http://www.josesaramago.org/
http://www.elpais.com/especial/jose-saramago/
http://www.el-mundo.es/larevista/num129/textos/chiapa2.html
http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/saramago.html
http://www.alfaguara.com/es/autor/jose-saramago/
http://www.alfaguara.com/es/autor/jose-saramago/
https://www.facebook.com/pages/Jos%C3%A9-Saramago/173742105989688
http://www.youtube.com/watch?v=YX9ymlrchqs



 

 

Ni leyes ni justicia

José Saramago
(El País/13/feb/2010)

En Portugal, en la aldea medieval de Monsaraz, hay un fresco alegórico de finales del siglo XV que representa al Buen Juez y al Mal Juez, el primero con una expresión grave y digna en el rostro y sosteniendo en la mano la recta vara de la justicia, el segundo con dos caras y la vara de la justicia quebrada. Por no se sabe qué razones, estas pinturas estuvieron escondidas tras un tabique de ladrillos durante siglos y sólo en 1958 pudieron ver la luz del día y ser apreciadas por los amantes del arte y de la justicia. De la justicia, digo bien, porque la lección cívica que esas antiguas figuras nos transmiten es clara e ilustrativa. Hay jueces buenos y justos a quienes se agradece que existan; hay otros que, proclamándose a sí mismos justos, de buenos tienen poco, y, finalmente, además de injustos, no son, dicho con otras palabras, a la luz de los más simples criterios éticos, buena gente. Nunca hubo una edad de oro para la justicia.
Hoy, ni oro, ni plata, vivimos en tiempos de plomo. Que lo diga el juez Baltasar Garzón que, víctima del despecho de algunos de sus pares demasiado complacientes con el fascismo que perdura tras el nombre de la Falange Española y de sus acólitos, vive bajo la amenaza de una inhabilitación de entre doce y dieciséis años que liquidaría definitivamente su carrera de magistrado. El mismo Garzón que, no siendo deportista de élite, no siendo ciclista ni futbolista o tenista, hizo universalmente conocido y respetado el nombre de España. El mismo Garzón que hizo nacer en la conciencia de los españoles la necesidad de una Ley de la Memoria Histórica y que, a su abrigo, pretendió investigar no sólo los crímenes del franquismo sino los de las otras partes del conflicto. El mismo corajoso y honesto Baltasar Garzón que se atrevió a procesar a Pinochet, dándole a la justicia de países como Argentina y Chile un ejemplo de dignidad que luego sería continuado. Se invoca en España la Ley de Amnistía para justificar la persecución a Garzón pero, según mi opinión de ciudadano común, la Ley de Amnistía fue una manera hipócrita de intentar pasar página, equiparando a las víctimas con sus verdugos, en nombre de un igualmente hipócrita perdón general. Pero la página, al contrario de lo que piensan los enemigos de Baltasar Garzón, no se dejará pasar. Faltando Baltasar Garzón, suponiendo que se llegue a ese punto, será la conciencia de la parte más sana de la sociedad española la que exigirá la revocación de la Ley de Amnistía y que prosigan las investigaciones que permitirán poner la verdad en el lugar donde estaba faltando. No con leyes que son viciosamente despreciadas y mal interpretadas, no con una justicia que es ofendida todos los días. El destino del juez Baltasar Garzón está en las manos del pueblo español, no de los malos jueces que un anónimo pintor portugués retrató en el siglo XV.

https://elpais.com/diario/2010/02/13/espana/1266015611_850215.html

 

Un amigo, un hermano

José Saramago

(EL PAÍS/ 18/May/2009)

La obra de Mario Benedetti, amigo, hermano, es sorprendente en todos los aspectos, ya sea por la extensión en la variedad de géneros que toca, ya sea por la densidad de su expresión poética como por la extrema libertad conceptual que usa. El léxico de Benedetti ha ignorado deliberadamente la supuesta existencia de palabras "poéticas" y de otras que no lo son. Para Benedetti, la lengua, toda ella, es poética. Leída desde esta perspectiva, la obra del gran poeta uruguayo se nos presenta, no sólo como suma de una experiencia vital, sino, sobre todo, como la búsqueda persistente y lograda de un sentido, el del ser humano en el planeta, en el país, en la ciudad o en la aldea, en su casa simplemente o en la acción colectiva. Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Benedetti. Tal vez la principal sea ésa, precisamente: que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal.

https://elpais.com/diario/2009/05/18/cultura/1242597601_850215.html

 

Una inteligencia brillante

José Saramago

(El País/ 4/Nov/2009)

He compartido algunos momentos con él, sobre todo cuando nos nombraron hijos predilectos de la provincia de Granada. Ahí estuvimos mucho rato conversando. Cenamos, y luego hablamos. Ya él estaba próximo a los cien años. Y a esas alturas de la vida sorprendía sobremanera la lucidez, la palabra ágil, el pensamiento muy claro, la inteligencia siempre dispuesta. Uno parte del principio de que con la vejez hay muchas cosas que se acaban, y es cierto que se acaban muchas pero algunas se conservan, y en el caso de Ayala sobre todo se mantenía algo tan importante como la capacidad de comunicación y el funcionamiento de una inteligencia tan brillante como era la suya. Eso no es incompatible con la vejez, y en su caso no lo era en absoluto: se mantenía vivo, despierto, formidable. Francisco Ayala ha sido la prueba viva de que se puede vivir mucho y seguir, en el plano del intelecto, igual a lo que se era antes, cuando se era mucho más joven. Conozco su obra, aunque no profundamente; he leído algunas de sus novelas, y me gustó particularmente La cabeza del cordero. Es una pérdida para España, y es una verdadera lástima que no hubiera habido traducciones suficientes al inglés o al francés como para haber llamado la atención de la Academia Nobel, cuyo premio se merecía sin duda alguna. Era la suya una obra profunda, muy rica en su reflexión y en su pensamiento, en la diversidad de sus intereses humanos y en su propia expresión literaria.

https://elpais.com/diario/2009/11/04/cultura/1257289202_850215.html

 

 

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