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Azuaga y su historia

 

 

Azuaga y su historia

Pepa Gómez Bustamante

Para comenzar a hablar de Azuaga tenemos que tener en cuenta su situación geográfica, la fertilidad de sus tierras y la proximidad a Sierra Morena y Sierra Norte Sevillana, estos factores son determinante en su historia, y podríamos rotular su existencia como: «Azuaga .Encrucijada de culturas».

Azuaga ha sido habitada desde épocas remotas. Basándonos solemnemente en los hallazgos, iniciamos el recorrido en los últimos momentos de la prehistoria, es decir, en el periodo Megalítico y cómo ejemplos tenemos el menhir de la Cardenchosa, que se trata de una fina plancha de pizarra que en nuestros días queda emplazada en el centro urbano. En esta misma aldea encontramos otros ejemplos de arquitectura megalítica que es, un dolmen: sistema de enterramiento conformado por lanchas verticales. Otro dolmen de gran interés, es el que se encuentra en las inmediaciones de Azuaga y que es conocido por el dolmen de la Sanara.

En la Edad de Bronce, periodo calcolítico, se han recogido en el castillo Miramontes de Azuaga más de cien piezas que corresponden a fragmentos cerámicos como, platos con bordes almendrados, recipientes cilíndricos, utiles líticos en piedra tallada y pulimentada, como hachas de mano, puntas de flecha en forma triangular. La pieza más importante descubierta en Azuaga ha sido “un torques” de oro macizo, fechado sobre el siglo VIII a.c. que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional.

En torno al siglo IV se edifica “el turuñuelo” de Azuaga que está a pocos metros de la carretera de la que hoy sale para Valverde, pues bien, en ese túmulo elevado sobre la loma, se han encontrado también ánforas y platos grisáceos, en los últimos decenios.

Durante la Edad de Hierro y los pueblos prerromanos, la zona de Azuaga se ubica en la Beturia Turdula, relacionando nuestra localidad con la legendaria y mítica Arsa, mencionada por Ptolomeo, Plinio y Apiaño, siendo eje de la resistencia de Viriato al poder romano ( siempre el pueblo pensó, que las hijas de Viriato estaban enterradas en el Castillo). En este periodo de dominio romano Azuaga es denominada Municipium lulium Ugultuniacum, título qué significa que sus habitantes gozaban de derecho de ciudadanía romana. De esta época se han hallado restos en el Castillo y Cerro de Miramontes, se trata de fragmentos dispersos de cerámica y principalmente de cipos. Los que se conservan son los dedicados al emperador Nerva a la sobrina del emperador Trajano, Matilda, y al edil Herenio que se encuentra actualmente en el vestíbulo del Ayuntamiento de Azuaga. En este periodo hay explotaciones de minas de cobre, plata y plomo.( No es de extrañar que la gran inmigración de los años de principio del XX estuvieran basados en el sentir popular de minas de plata de la que si hubo alguna veta, pero de poca calidad)

Tras la ocupación y colonización romana del territorio, pasa a manos de los visigodos. No se conserva nada.

A partir del siglo VIII a la población existente vino a sumarse la inmigración de grupos bereberes del norte de África, entre ellos la tribu de los “Zuwaga” de los que finalmente deriva el nombre de la villa de, Azuaga. De esa época procede el enclave fortificado del Castillo Miramontes. En recientes excavaciones se piensa que pudo estar construido sobre un campamento o castro romano.

En la primera mitad del siglo XII el geógrafo árabe al IDRISI, al describir el itinerario, Córdoba, Badajoz, se refiere a Azuaga, situándola a tres jornadas de la antigua capital califal y considerándola como un lugar seguro y la describe como un fuerte rodeado de murallas de tierra sobre una elevación. Se desconoce la fecha exacta de la incorporación de Azuaga al mundo cristiano feudal en el siglo XIII, la más asumida es en el año 1236 tras la conquista de Córdoba.

A pesar de Azuaga ser conquistada por la Orden de Santiago , es concebida inicialmente al concejo de Sevilla que fracasa en su labor de repoblación de la zona, por lo que el 1274 pasa al dominio efectivo de aquellos, es decir de la Orden de Santiago, integrándose plenamente en el abolengo santiaguista de la Baja Extremadura. En 1477 se celebra en Azuaga el Capítulo General de la Orden de Santiago en el convento de la Merced, entonces de San Sebastián,(data su construcción de finales de mediado del XV) en el cual se nombra a Alonso de Cárdenas , ultimo Maestre de la Orden de Santiago, ya que a partir de entonces la administración de las órdenes militares serían asumidas por la corona y por tanto su poder económico político y militar sería utilizado en la unificación de España. También en este año 1477 y a consecuencia de este conflicto de la Orden de Santiago, “los vecinos de Azuaga y moradores, su Comendador y sus términos”, fueron excomulgados por el Papa Sixto IV.

En 1486 se construye la torre del homenaje en el Castillo Miramontes.

Finales del siglo XV e inicios del XVI se construye la iglesia de la Consolación elemento determinante en la expansión urbana. La encomienda de Azuaga es considerada la séptima de España por su valoración económica y condiciones, codiciadas por muchos. En el censo de 1551 Azuaga es con 1.253 habitantes la población más importante de Extremadura. Azuaga tuvo un papel importante y destacado en la colonización de América, siendo la séptima ciudad extremeña que más emigrantes aportó.

En 1752 se termina la obra de la Iglesia Cristo del Humilladero, levantada sobre el humilladero que se encontraba en la salida del pueblo y que alberga la talla del Cristo del Humilladero realizada por Francisco de Ocampo, y donada al pueblo por el capitán don Juan de la Guardia en 1615.En los XVII Y XVIII se produce un importante crecimiento económico demográfico y urbanístico de Azuaga con especial incidencia durante el siglo XIX debido, por un lado, a la desamortización de las tierras, y por el otro al proceso de crecimiento económico intensificado con las explotaciones mineras principalmente de plomo. El campo filoniano de Azuaga fue uno de los más importantes de España y el más relevante de Extremadura.

Desde finales del XIX hasta mediado del XX, se dio la mayor producción de plomo de España lo que motivó, junto con las minas de carbón de Pya Pueblonuevo, la construcción de una línea de ferrocarril privada e inaugurada en 1898. El gran número de obreros en la minería de la zona determinó el fortalecimiento del asociacionismo obrero, con lo que Azuaga se convirtió en uno de los más potentes focos del movimiento obrero extremeño. Se contaba con dos periódicos locales. La guerra civil y el exilio provocó entre otras cosas una disminución de la población quedándose en a la mitad que se va recuperando en la posguerra y durante los primeros años de la dictadura, fundamentalmente por la actividad minera.

La década de los cincuenta verá el cierre de gran parte de la minería, en la que el estado español se niega a invertir en electrificación y procesamientos competitivos provocando el gran éxodo de azuagueños hacia ciudades industriales, como Barcelona, Euskadi, Madrid, Barcelona y países como Alemania, Francia, Belgica Suiza y Venezuela, quedando una población de veintitrés mil habitantes en once mil con un sector primario como único sostén económico.

En nuestros días, Azuaga se sustenta en un variado sector comercial, una incipiente industria asentada en el polígono industrial y numerosos mataderos de ibérico que la hacen como referente de calidad dentro y fuera de nuestras fronteras. Su comercio, el gran dinamismo cultural, educativo y social la mantienen como capital, simbólica, de la Campiña Sur de Extremadura.





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Bibliografia:Monografia Historico-descriptiva de la villa de Azuaga. D. Felix Rodriguez Diaz 1861.

Azuaga, de vida llena. Alonso Ojeda Muñoz. 2010.

Archivo Municipal Ayuntamiento de Azuaga.



 

 

Mainstreaming

Pepa Gómez

Que difícil me resultó incluir la nueva palabreja, mainstreaming, a mí vocabulario diario, sobre todo sin conocer el inglés, pero la aprendí y la hice mía porque pensaba que sería la piedra angular donde se asentarían el final de todas las desigualdades que, a lo largo de los siglos, habíamos sufrido las mujeres. Pensamiento erróneo. Quizá sí desde el principio hubiéramos adoptado a su gemela castellana, transversalidad, hoy, unos años después, no estaríamos hablando de este tema.

No soy feminista, pero sí mujer comprometida y, desde esta posición puedo constatar que, a lo largo de los últimos años he comprobado como determinadas políticas de igualdad han fracasado a pesar de la inclusión de esa palabra traída allende los mares. No podemos poner como ejemplo al porcentaje de mujeres formadas, trabajadoras y luchadoras que no solo alcanzaron y alcanzan, sino que mantienen el statu de igualdad con sus compañeros de viaje, sino que hay que echar la vista atrás y ver al 60% de mujeres restantes. Perdón, he caído en la demagogia fácil al decir que las políticas de igualdad han fallado, no es así, ha fallado la mujer en su aplicación; las mujeres que en los años 80 hacían sus proclamas afirmando que era a partir el seno familiar y de las escuelas primarias desde dónde tendría que asentarse las bases para conseguir o lograr el objeto de nuestros desvelos. Sí se hubiera llevado a cabo con sus hijas, hijos, nietos y nietas, en el día de hoy la desigualdad se habría erradicado, porque hablamos de una progresión geométrica 2, 4, 8, 16, 32… y esos números a la vuelta de 30 años nos darían unas cifras muy distintas, pero sobre todo una forma de pensar tan diferente que hoy en el siglo XXI ( y sigo diciendo que de forma genérica y no particular) desde que un bebé respira aire contaminado no se le distinguiría por el color de las ropitas que lleva, por las juguetes que traen los reyes familiares, por la orientación hacia sus futuros estudios sin olvidar la elección de quién estudia en el caso de que sean varios los hijos de una familia con recursos medios-bajos. Al verlo escrito parecerá un comentario fuera de tiempo, pero os recuerdo qué capitales de provincia son alrededor de cincuenta, mientras que pueblo de España sobrepasan los ocho mil y pico, e igual que las tradiciones tienen su caldo de cultivo en ellos, las desigualdades que también son tradiciones, se asientan por los siglos de los siglos.

En una de las últimas reuniones a las que asistí por este tema, nos saludamos como viejas amigas un par de decenas que, además ya pintábamos más qué canas, el resto cinco o seis jóvenes asalariadas por las políticas de igualdad; no me quedó otra que hacer esta misma reflexión… ¿en qué hemos fallado? Y el fallo viene de la mano de la hipocresía. Cuando te sientas en una mesa de trabajo, bien sea voluntaria o retribuida, llevas una “careta” progresista que abandonas en los primeros escalones que te llevan a tu casa. Tiene que ser así, porque de lo contrario, hoy, muchos años después de darle cabida a la palabreja de marras y ya en el siglo XXI, no estaríamos dedicándole ni un solo minuto al problema de la desigualdad real entre hombres y mujeres, y lo triste es que mirando hacia atrás o hacia adelante, pero a jóvenes o generaciones emergentes, parece ser que los que tenemos que seguir reivindicando este derecho después de cuarenta años, somos las que pintamos canas.

 

 

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