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La tradición clásica
Baelo Claudia, una joya romana
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Baelo Claudia, una joya romana
María Dolores Gallardo López
En la provincia de Cádiz, en la playa de Bolonia, ubicada a unos 22 Km de Tarifa, paradisiaco lugar si no fuera por los vientos que con frecuencia azotan la zona, se encuentran las ruinas del municipio romano denominado en su momento Baelo y más tarde Baelo Claudia, cuando el emperador Claudio le otorgó el rango de municipio.
La ciudad construida en el siglo II a. C. sobre un asentamiento fenicio, en un lugar tan estratégico como es la zona del estrecho de Gibraltar, desde sus orígenes estuvo ligada a la pesca, la industria conservera y al comercio con el norte de África (especialmente con Tingis, la actual Tanger).
A ella se refería ya Estrabón, geógrafo e historiador griego que, aprovechando la pax romana instaurada con Augusto, recorrió buena parte del mundo de su época. Conservamos casi toda su obra Geografía, escrita entre el año 29 a.C. al 7 d.C. Esto dice Estrabón en el libro III, dedicado a Iberia:
“Baelo es un puerto donde generalmente se embarca hasta Tingis, en Mauritania. También es un emporio que tiene fábricas de salazones”
En una estancia veraniega en la Universidad de Cádiz, hace bastante más de veinte años, conocí Baelo por ser referente, como queda dicho, de la industria pesquera y de salazón de época romana.
Este verano, con motivo de presenciar una versión moderna de Las Bacantes de Eurípides que se representaba en los restos del teatro romano de Baelo, he vuelto. El cambio durante estos años espectacular. Los avances en el estudio de los yacimientos arqueológicos, la presentación al público y la creación del Museo han cambiado por completo el aspecto de la ciudad.
Baelo bien merecen una visita. El viajero, con los restos arqueológicos que puede visitar y las didácticas referencias del anejo Museo, conocerá de primera mano –o volverá a recrearse de nuevo- una ciudad romana con todos los elementos que integran su urbanismo (foro, termas, basílica, templos, edificios administrativos, mercado, muralla, necrópolis extrarradio, etc.). Amén de observar in situ los restos de un humilde barrio obrero y la factoría dedicada a la fabricación de salazones de pescado, donde, entre otras cosas, podrá ver las piletas excavadas a ras de tierra donde se hacían los salazones alternando capas de pescado y sal y también otras más pequeñas y de diferente forma donde se preparaba el arquifamoso -y caro- garum, el producto estrella, sólo al alcance de los más pudientes: especie de salsa o crema que servía para acompañar a muy diversos manjares y que también -se decía- tenía la propiedad de estimular el apetito.
El visitante podrá conocer, con ayuda de los audiovisuales del Museo, que ya entonces los habitantes de Baelo capturaban el atún con el sistema de almadraba y cómo, una vez llegado a la factoría, se despiezaba y se lo sometía a un proceso de salazón para posteriormente envasarlo en ánforas, que se cerraban herméticamente con un disco de arcilla y se depositaba en los almacenes en espera de la llegada de los barcos que debían transportarlo.
Las condiciones naturales de la zona donde se ubicó Baelo Claudia eran -y continúan siendo a día de hoy- excepcionales para la pesca en almadraba pues es lugar de paso de la migración anual del atún entre el Atlántico y el Mediterráneo. Este tipo de pesca y la industria de salazón fueron las causas fundamentales del nacimiento y prosperidad de la ciudad.
Si la visita tiene lugar en verano -y se tiene la precaución de reservar anticipadamente entrada- se podrá también disfrutar de la grata experiencia de ver representada una obra griega o latina en un teatro romano, construido casi al mismo lado del mar. Ello es así porque el teatro romano de Baelo ha sido incluido en el grupo de Teatros romanos de Andalucía, que anualmente ponen en escenas obras clásicas.
Para quienes quieran conocer más de Baelo, les recomiendo visitar su portal y conocerla, al menos, en una visita virtual:
http://www.museosdeandalucia.es/cultura/museos/CABC/
¡Seguro que me lo agradecerán!
Plaza de toros de Ronda
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La plaza de toros de Ronda
Mª Dolores Gallardo López
LA PLAZA DE TOROS DE RONDA. LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE RONDA
La hermosa ciudad de Ronda -universalmente conocida por el famoso e impresionante “tajo” que la divide- es sede de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, cuyo origen se remonta al año 1573.
Las maestranzas de caballería eran sociedades de caballeros que, en principio, tuvieron por objeto ejercitarse en la equitación y mantener el ejercicio de la caballería con fines militares. La de Ronda fue pionera en España.
Hoy día es una entidad privada sin ánimo de lucro. Fue declarada de utilidad pública en 2002. Su principal actividad gira en torno a la gestión de su legado histórico (fondo documental, la Plaza de Toros y la Escuela de Equitación).
Esta Real Maestranza a finales del siglo XVIII emprendió la construcción de su magnífica plaza de toros: es una de las más antiguas y bellas que existen en la actualidad.
De estilo neoclásico, fue realizada en piedra arenisca, con doble galería de arcadas sostenidas por 136 columnas toscanas y 68 arcos que soportan el techo (no hay tendidos al descubierto). Tiene un aforo de unas 6000 personas. Su monumentalidad y belleza es extraordinaria. Su ruedo de unos 60 metros, circundado por dos anillos de piedras, es el más amplio del mundo.
Conocida popularmente por la famosa corrida goyesca que, desde 1954, en ella se realiza cada año a primeros de septiembre, el conjunto arquitectónico de la plaza de la Real Maestranza es muchísimo más que una plaza de toros.
En la corrida inaugural de la Plaza participó el gran torero Pedro Romero (1754 -1839), perteneciente a la familia de los Romero, que dio varias generaciones toreros, si bien él fue el más importante.
En el siglo XX los toreros de la familia Ordoñez, en especial Cayetano Ordoñez “El niño de la Palma” (1904- 1961) y su hijo, Antonio Ordóñez Araujo (Ronda 1932- 1998), dieron renombre y fama a Ronda. Esta familia de toreros continúa hoy día con los hermanos Francisco y Cayetano Rivera Ordoñez, nietos del gran Antonio Ordóñez.
La corrida goyesca. Con motivo del II centenario del nacimiento de Pedro Romero se celebró la primera corrida goyesca. Toma este nombre por estar inspirada, en cuanto a vestuario y parafernalia, en los tiempos del pintor Francisco de Goya. Tradición que continúa hasta hoy.
En dependencias anejas a la plaza de toros se albergan:
La Galería de la Real Maestranza
Interesante y didáctica, esta Galería propone al visitante un ilustrativo repaso cronológico del origen del caballo español de pura raza y los orígenes de la doma desde sus antecedentes en Grecia -que describió el historiador griego Jenofonte-, pasando por las prácticas guerreras de la Edad Media y el momento en que jóvenes caballeros, con el fin de estar en buena forma -por si les era preciso guerrear- practicaban juegos a caballo y otros ejercicios, iniciando así un nuevo concepto de adiestramiento y educación ecuestre, ya no dedicado en exclusiva a la guerra o a la caza. En el Renacimiento se escribieron varios tratados de equitación.
Felipe II creó las cofradías de caballeros y esas cofradías fueron las primeras escuelas de equitación. La Real Maestranza de Caballería de Ronda -nacida, como ha quedado dicho más arriba, en 1573- fue pionera.
La escuela de equitación
La escuela de equitación está dedicada a la enseñanza y formación en la doma clásica; allí se ven diariamente trabajar a los alumnos con caballos de pura raza española. La titulación que otorga está reconocida en el catálogo de la educación equestre profesional.
Bajo los tendidos de la plaza se encuentra el M U S E O
En este Museo hay partes bien diferenciadas. De un lado está el Museo de la Tauromaquia, ideado por José Antonio Guerrero Pedraza que fue su director durante años.
En la actualidad esta parte del Museo contiene aguafuertes, grabados, litografías del mundo del toro, una edición de la tauromaquia de Goya y obras de autores extranjeros, algunos óleos de XVI, XIX y XX, cartelería taurina, algunos objetos relacionados con el mundo del toro y varios trajes de algunos toreros (de las familias relacionadas con Ronda anteriormente mencionadas); también hay un traje femenino de “goyesca” que fue utilizado por la fallecida Duquesa de Alba con ocasión de presidir la corrida goyesca y otro de Dña Soledad Becerril por el mismo motivo. En líneas generales, tal como está hoy día configurada esta parte del Museo, resulta bastante banal y no vale mucho la pena, por más que pueda tener éxito popular.
Lo que hace verdaderamente excepcional el Museo de la Real Maestranza de Ronda es:La extraordinaria colección de sillas y accesorios de montar de refinada factura; los accesorios para carroza y los uniformes de los cocheros, tanto de uso diario como de gala. Pertenecieron a los duques de Montpensier: la infanta María Luisa (hermana de la reina Isabel II) y su esposo, D. Antonio de Orleans (quinto hijo del rey Luis Felipe de Francia y duque Montpensier), que se afincaron en Sevilla, en el palacio de San Telmo, en 1846. Todo está exhibido en magníficos armarios de suelo a techo y perfectamente protegido.
La magnífica colección de armas de fuego, tanto de caza como de duelo. En esta parte del Museo hay piezas originales procedentes de las Reales Armerías de Carlos III, de Felipe IV, de Luis XIV de Francia, de Napoleón, de reyes ingleses; carabinas europeas de los siglos XVII, XVIII y XIX; pistolas de percusión de los siglos XVIII y XIX, etc. En total se exhiben 290 piezas.En resumen, un magnífico Museo que no hay que perderse si se visita la hermosa ciudad de Ronda.
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