Ediición nº 19 -Abril/Junio de 2012

REAL CASA DE PANADERÍA DE LA PLAZA MAYOR DE MADRID. PINTURAS DE CARLOS FRANCO

REAL CASA DE PANADERÍA DE LA PLAZA MAYOR DE MADRID. PINTURAS DE CARLOS FRANCO

M. Dolores Gallardo López


Hace ya bastantes años, pocos años después de inaugurarse los actuales frescos que adornan la Real Casa de la Panadería, en un homenaje en Palma de Mallorca al humanista y poeta D. Miguel Dolc, al que la suerte me hizo conocer, tuve el honor de poder presentar junto al pintor Carlos Franco, en un Congreso de la Sociedad de Estudios Clásicos, las pinturas que actualmente adornan la fachada de la Real Casa de la Panadería de la Plaza Mayor de Madrid. Desde entonces en repetidas ocasiones he visitado y explicado in situ a mis alumnos de la Universidad Complutense o a diferentes amigos estas hermosas pinturas. Hoy las muestro a los lectores de esta revista a quienes recomiendo encarecidamente que, si visitan Madrid, no dejen de admirar esta magnífica obra ubicada en un sitio emblemático de nuestra capital.

La Plaza Mayor de Madrid es una de las más bellas de España y de Europa por la igualdad de su trazado y la armonía de sus edificios. Su existencia es muy antigua. El lugar donde se alza estaba en tierras de los Lujanes del Arrabal.

En ese lugar existían algunas lagunas. Esas lagunas estaban ya desecadas en época del rey Juan II de Castilla. Por entonces comenzó a formarse una plaza, que se llamó “del Arrabal”

En el año 1494 los Reyes Católicos dieron una serie de disposiciones para regularizar las tiendas que ya había establecidas en la Plaza. Naturalmente la plaza que conservamos no es de esa época.

La plaza actual la mandó construir el rey Felipe III que encargó la obra a Juan Gómez de Mora, discípulo de Juan de Herrera. En dos años quedó terminada, era el año 1619. Su costo ascendió a doscientos mil ducados.

En la parte septentrional se construyó la Real Casa de la Panadería: la parte baja se dedicó a la venta de pan al pueblo de Madrid y la principal a habitaciones de los reyes.

La Plaza Mayor ha tenido los nombres de Plaza del Arrabal, Real, de la República, de la Constitución. Fue el eje central de la vida de la capital de España y de su imperio hasta que en los primeros años del siglo XVIII el centro vital de Madrid pasó a la Puerta del Sol (la puerta fantasma que no se sabe si alguien vio alguna vez pues incluso las crónicas más antiguas dicen que fue derribada poco después de ser cons-truida).

Como resto de las antiguas lagunas desecadas quedaron abundantes manantiales de aguas subterráneas cuyo caudal ha provisto de agua durante mucho tiempo a antiguas fuentes de Madrid, como la de la Huerta de la Reina, la de los Caños de la Priora y los del Peral. Todavía hacia el año 1920 esas aguas surtían dos casas de baños.

La Plaza Mayor ha sido siempre escenario de acontecimientos, espectáculos y festejos de todo tipo: lo más importante del reino de España se reflejaba en ella. Así por ejemplo:

A) Proclamaciones de los reyes de España las ha habido desde 1621, dos años después de ser acabada: la primera fue la del rey Felipe IV, el dos de mayo de 1621. Otra fue la de Fernando VII, el Deseado, en 1808. En 1833 tuvo lugar en ella la jura de la Princesa de Asturias, luego Isabel II. Por cierto, poco después en 1846, con motivo de la boda de Isabel II con Francisco de Asís y de la de su hermana Luisa Fernanda con el Duque de Montpensier, se celebraron las últimas corridas de toros que tuvieron lugar en esta Plaza, pues poco después fue adornada con jardincillos y con la estatua ecuestre de Felipe IV, lo que hizo inviable las corridas de toros.

B) Autos de Fe tuvieron como escenario la Plaza Mayor y el precio del alquiler de sus balcones ya estaba estipulado en 1620, es decir al año siguiente de finalizar la construcción de la plaza. El primer Auto de Fe lo celebró la Inquisición en 1624. El más terrible en el año 1680 con 118 reos.

C) Hasta finales del XVIII las ejecuciones capitales se celebraban allí, hasta que pasaron a la Plaza de la Cebada. El cadalso se levantaba en diversos lugares de la plaza según el tipo de muerte. Concretamente frente a la Casa Panadería si la pena era de garrote (delante del portal de Paños si era de horca, delante de la casa Carnicería para los que debían ser degollados).

D) También en la Plaza Mayor en 1620 se celebró solemnemente la beatificación de Isidro el Labrador y en 1622 su canonización.

Así pues, espectáculos de todo tipo se han celebrado en la Plaza Mayor. De pasada hemos mencionado las corridas de toros y hay que indicar que en la Plaza Mayor de Madrid se inició la costumbre, aún hoy existente, de que los toros, tras morir en la lidia, sean sacados de la arena arrastrados por mulas. Al parecer fue invento del corregidor Don Juan de Castro y Castilla, con ocasión de una corrida dada en honor del Príncipe de Gales Carlos (después Carlos II), cuando vino a España para prometerse con la Infanta María, hija del rey de España Felipe III y hermana de Felipe IV. En las fiestas dadas con ese motivo brilló el valor, la apostura y gentileza del joven Felipe IV que entonces tenía 18 años. La boda finalmente no tuvo lugar.

Durante el reinado de Felipe IV la Plaza Mayor alcanzó sus días de mayor esplendor.

Y para terminar un recuerdo más: La Feria de Navidad, que actualmente se sigue celebrando en la Plaza cada mes de diciembre, tiene también su antigüedad; ya está descrita en un sainete de Don Ramón de la Cruz.

La Plaza Mayor ha sufrido tres grandes incendios: en 1631, 1672, 1790. Nos interesa el segundo, el de 1672.

Comenzó en la Casa de la Panadería y se extendió a otras muchas. De la Casa Panadería solo se salvó la planta baja. En 17 meses fue reconstruida. Sólo en reconstruir la Casa Panadería se invirtieron 220.000 ducados, que debían sacarse de las sisas reales y municipales, que autorizó la reina gobernadora, madre del rey Carlos II de España.

La Casa Panadería que conocemos conserva el severo pórtico de Gómez de Mora, el resto fue rehecho, después del incendio que acabamos de mencionar, por Donoso. Es elegante y bella, y pertenece al más puro estilo madrileño. Las pinturas de la fachada le dan carácter peculiar.

Desde finales del siglo XVIII la fachada de la Real Casa de Panadería ha sido pintada en tres ocasiones, restauraciones a parte.

La primera vez por Luis González de Velázquez a fines del XVIII. Años después (fines del XIX o en los primeros años del XX) fue restaurada por Martínez Cubells.

La segunda vez fue pinada por Enrique Guijo.

La tercera vez fue no hace muchos años: a finales del pasado siglo XX el Ayuntamiento de Madrid abrió en 1988 un concurso para este fin. Participaron tres magníficos pintores: Guillermo Pérez Villalta, Sigfrido Martín Begué y Carlos Franco. El ganador fue Carlos Franco.

Carlos Franco, uno de los grandes pintores actuales, perteneció al grupo de pintores que en los años 70 renovaron la pintura madrileña. El gusto por los temas míticos ha sido una de las constantes que integran la trayectoria artística de su colorista y barroca pintura. También ilustró hace años la Eneida de Virgilio.

En la fachada de la Casa Panadería C. Franco hace todo un despliegue de su saber artístico y de su gusto por la Mitología.

Sobre el pórtico, único resto de la construcción de Gómez de Mora, se alzan tres plantas flanqueadas por dos torres. En esa monumental fachada desarrolló Carlos Franco un programa iconográfico y mitológico en el que mezcla figuras tradicionales de la Mitología Clásica con otras de su propia invención pero enraizadas con la historia de Madrid o de la propia Plaza.

Comencemos examinando las figuras de la PLANTA SEGUNDA. A un lado del gran escudo central está CIBELES, a otro ACUATICO.

CIBELES aparece con su corona de torres y con un león, como mandan los cánones más tradicionales. La novedad de la interpretación de Carlos Franco estriba en que identifica a esta antigua diosa de la Fecundidad de la meseta anatólica con la fecundidad de la Naturaleza (haciéndole quizás la competencia a Ceres): obsérvese el canastillo de frutos que le ha colocado en el regazo. La relación de Cibeles con Madrid no hace falta explicitarla, baste solo con mencionar el magnífico libro La Cibeles Nuestra Señora de Madrid de la profesora Pilar González Serrano que obtuvo el premio Antonio Maura de Investigación científica del Ayuntamiento de Madrid en 1987.

ACUATICO-figura mitológica inventada por Carlos Franco- es en su particular Mitología el dios de las aguas subterráneas de Madrid: representa la abundancia y la bondad de las aguas madrileñas.

En esa misma planta en el lateral izquierdo vemos a CUPIDO, un Cupido ya crecidito, que lleva unas notas musicales sobre la cabeza: representa el amor y la música, es decir la alegría festiva y el goce de vivir que caractarizan al pueblo madrileño. Esta representación de Cupido como un joven tiene una larga tradición clásica: recuérdese sin ir más lejos el famoso cuento de Apuleyo Cupido y Psique intercalado en su obra Metamorfosis, del siglo IV d.C.

A continuación podemos contemplar la figura que representa al SABIO, concebido por C. Franco como depositario y guardián de la cultura y del conocimiento que se encierra en los libros.

En el lateral derecho encontramos una nueva figura creada por C. Franco con tintes mitológicos y de neta inspiración clásica, la diosa ABUNDIA. Sujeta un madroño al que se agarra un oso, ambos emblema de Madrid.


PLANTA PRIMERA, de izquierda a derecha

BACO lleva un tirso, un racimo de uvas en una mano y va montado sobre un leopardo. La presencia de este dios, de origen oriental como la propia Cibeles, se justifica en la Plaza como recuerdo de las tasas que se impusieron al vino y que tuvieron gran importancia en la reconstrucción de la casa después del incendio de 1672.

Después viene un MAJO embozado y con capa larga, bajo ella viste traje de torero. Recuerdo de la gran afición a los toros del pueblo de Madrid y también – según C. Franco- rememora el motín de Esquilache, ministro del rey Carlos III, en 1776. El motín se inició en lo que hoy llamamos Antón Martín pero tuvo en la Plaza Mayor su más importante episodio. En la Plaza se formó un numeroso grupo que se dirigió al Palacio Real y en también la Plaza se fue deshecho el piquete de guardia que hizo fuego contra el pueblo.

A continuación TRES FIGURAS ligadas a la Plaza y que en la imaginación de Carlos Franco son fruto de una hipotética unión entre Cibeles y Acuático de la segunda planta:

PANADERICO: con una enorme hogaza de pan sobre la cabeza y, cómo no, ¡un madrileñísimo churro en la mano! Alude al destino inicial de la Casa de la Panadería.

LAGUNILLA: una náyade o ninfa de la aguas de la primitiva laguna del lugar, que podemos entrever a sus pies casi desecada. Por eso Lagunilla esta representada en actitud de abandonar lo que antaño fueron sus dominios y ascender al cielo.

Un TERCER vástago, UN NIÑO, que también asciende de la laguna, lleva una trucha en una mano y en la otra un cangrejo de río.

En el TERCER PISO podemos observar seis cariátides que aparentemente sujetan el techo de la Casa, distribuidas en dos grupos de tres robustas jóvenes, un grupo en el lado derecho y otro en el izquierdo:

PROSÉRPINA: Hija de la diosa Ceres que fue raptada por Hades o Plutón y llevada al mundo de los muertos. Allí comió unos granos del mágico fruto de la granada que hicieron imposible su regreso definitivo al mundo de los vivos, pese a las reiteradas súplicas y amenazas de Ceres. En el momento de comer la granada la representa Carlos Franco. Como es sabido Júpiter decidió que pasara seis meses en la tierra con su madre y seis meses con su esposo en el mundo de los muertos o Hades. Por eso está aquí dos veces representada, como diosa de dos mundos, el de la vida y el de la muerte, a los que pertenecemos todos los humanos. Va acompañada por

DOS JOVENES: una blanca que representa los seres del mundo de los vivos. La otra de color oscuro simboliza los seres del mundo subterráneo.

Además de las figuras mitológicas que llevamos comentadas -ubicadas en la parte central del edificio- existen también otras imágenes secundarias:

Un esquemático Cupido o un Ave Fénix (animal que resurge de sus cenizas como la propia Casa Panadería tras los incendios que ha sufrido).

La más curiosa de todas, sin relación alguna con Madrid o con los madrileños -está solo como testi¬monio del gusto estético y mitológico del pintor-: el Rapto de las Leucípides, las hermanas Hilaira y Febe, las heroínas mesenias hijas de Leuci¬po, que fueron raptadas por los dióscuros Cástor y Pólux.

En resumen, las pinturas de la Real Casa de la Panadería son uno de los monumentos más importantes que podemos ver en Madrid y están a la vista de todos aquellos que deseen dar un hermoso paseo por uno de los entornos más carismáticos de la Villa y Corte.

Belén napolitano en el Palau March

PALAU MARCH. EL BELÉN NAPOLITANO

por M. Dolores Gallardo López

En una reciente estancia el pasado mes de febrero en la hermosa ciudad de Palma de Mallorca he tenido ocasión de conocer el PalauMarch, cuya visita recomiendo vivamente al lector si tiene la oportunidad estar unos días en Palma. Llevados por el apellido March no confundan el Palau con la Fundación Juan March, sede de una esplendida colección de arte moderno y ubicada en la magnífica Can Gallard, en la misma ciudad de Palma.

El Palau se encuentra muy cerca de la Catedral, en el solar que acogió el convento de Santo Domingo. Ocupaba el desaparecido convento la manzana conformada por la calle Conquistador, la calle PalauReial y la escalinata de la Seu o Catedral. Fue afectado por la ley de Desamortización eclesiástica de Mendizabal en el año 1835y demolido posteriormente.

En los años 30 Juan March encargó el primer proyecto de suPalau al arquitecto mallorquín Guillem Forteza Piña pero el proyecto definitivo se hizo después y fue obra de L. Gutiérrez Soto, arquitecto muy reconocido en los años cuarenta del pasado siglo.

El Palacio comenzó a construirse en 1939 y se concluyó en 1945. El edificio recuerda la arquitectura señorial tradicional de Palma y también la arquitectura catalana e italiana.

Fue la vivienda familiar de Juan March y su familia, cuyos aposentos se conservan hoy día en la planta superior del Palacio.

En los años 90 del siglo pasado Bartolomé MarchServera (Palma 1917- Paris 1998) lo convirtió en sede de la Fundación que lleva su nombre. En el año 2001 el edificio fue remodelado para albergar el Museo de la Fundación Bartolomé MarchServera.

El patio que da acceso al actual Palacio se expone una magnífica colección de escultura de arte moderno (supone un tercio de la colección total de escultura que perteneció de Bartolomé March) con obras de Rodin, Baltasar Lobo (1911- 1993), Max Bill (1908-1994), Eduardo Chillida (1924-2002), Henrry Moore (1898-1986), Xavier Corberó y una esplendida obra de Alfaro que, según desde donde se mire, se recorta sobre el azul cielo de Palma a la manera de un velero sobre el mar o vista desde otro ángulo parece perfilarse sobre la mole de la Catedral.

En el interior del Palacio destacan las pinturas alegóricas de la cúpula de la escalera principal, obra del catalán José María Sert (1874-1945), uno de los grandes pintores muralistas de la primera mitad del siglo XX.

En la planta superior del Palacio se muestran salones y habitaciones de Juan March y su familia. La planta baja alberga el magnífico belén napolitano de Bartolomé MarchServera, cuyo retrato se exhibe al lado de una de las vitrinas que albergan el belén.

Mención especial merece la magnífica Biblioteca de este Palau abierta al público desde 1970. Consta de más de 70.000 libros, 1.800 manuscritos, 21 incunables y 3.000 piezas de un fondo datado entre los siglos XVI-XVIII.

EL BELÉN DEL PALAU

Actualmente está instalado en vitrinasordenadas con criterio museístico, si bien inicialmente fue instalado como belén y mostraba al público sólo durante los días de Navidad. Al establecerse en el Palau la Fundación Bartolomé MarchServera se produjo el cambio. Hoy día es la joya más valiosa del Palau.

El belén fue adquirido en los años 70. Consta de cientos de figuras que reflejan las diversas clases sociales y los múltiples aspectos de la vida de Nápoles en el siglo XVIII: clases nobles, artesanos de todo tipo, campesinos con sus diversos animales, vendedores de pescado, de frutas, de utensilios de cocina, etc. Todos ellos vestidos y adornados como corresponde a la clase social a la que pertenecen. El detalle al que descienden estas representaciones, como puede verse en las imágenes que acompañan este texto, es absolutamente maravilloso. Y todo ello realizado con absoluta precisión.

También el gusto por lo exótico y lo oriental aparece claro en el belén de Bartolomé March, tanto en personajes como en detalles. Nápoles extendía su política comercial a oriente. Por otra parte en el colegio degliChinesi, creado en 1742 se preparaban misioneros chinos y de otras nacionalidades orientales. Todo esto hizo que en los belenes se incluyan chinoiseries, tan del gusto del arte rococó.

El belén refleja también el gusto por animales considerados exóticos en el siglo XVIII: elefantes, dromedarios, monos, etc.

Estos gustos se reflejan especialmente en la cabalgata turca, en los fastuosos cortejos de los Reyes Magos y en múltiples detalles.

En 2007 el belén del PalauMarch viajó a Madrid y fue exhibido en el Palacio real, lugar donde suele exhibirse en Navidades el llamado Belén del Príncipe, encargado por el rey Carlos III.

CARACTERíSTICAS DELOS BELENES NAPOLITANOS

Cada una de las figuritas este tipo de belén una verdadera obra de arte. Son articuladas y se pueden vestir. El cuerpo está formado con un armazón de alambre recubierto de tiras de estopa o lienzo.

Anteriormente se habían realizado figuras rígidas de madera en las que se cuidaba el aspecto de la cabeza y el de las extremidades, pero con el belén napolitano las nuevas figuras son articuladas, lo que les otorga una extraordinaria movilidad y permite colocarlas en cualquier postura.

Los brazos y pies son de están moldeados en cerámica; la cabeza, hecha de cerámica y pintado con óleo según la encarnadura que requiere la figura (hombre, mujer, niño; joven, viejo, etc.). Los ojos están realizados en vidrio de diferentes colores. Los más reputados escultores napolitanos modelaron en sus talleres estas cabezas.

El articulado maniquí así construido se viste después con ricos trajes, confeccionados a medida en seda, terciopelo, raso, algodón u otros tejidos. Se adorna con joyas auténticas en miniatura, se calza y peina a la manera del siglo XVIII. Quien desee más información sobre la estructura de estas figuras y los detalles que conforman su vestimenta –adecuada siempre al status social que representan- puede consultar:

http://www.lacasalingaideale.it/lezioni/presepe.htm

En resumen su vestimenta está exactamente calcada de la moda del siglo XVIII y reproduce las que llevaban los distintos estamentos sociales, pues todos ellos -de los más altos a lo más bajos- están representados en el Belén napolitano que, en realidad, pretender ser una recreación en miniatura de los habitantes de Nápoles y del reino de las dos Sicilias, así como de sus diversos estilos de vida.

Los paisajes palestinos se transforman en paisajes italianos del siglo XVIII con calles y edificios -panadería, taberna, herrería, mercados,etc- que imitan los del Nápoles de esa época. Naturalmente la gente de Judea se convierte en personajes napolitanos.

Hay que resaltar que la perspectiva del conjunto de consigue utilizando figuras de diferentes tamaños

Como vemos en el Belén del PalauMarch,abundan representaciones de cacharros y utensilios de la vida diaria, sin olvidar hermosas vajillas en miniatura que adornan las bien servidas mesas, ni las frutas, verduras, pescados, embutidos o perniles realizadas en arcilla o en cera. O magníficas miniaturas de utensilios (bandejas, jarros, copas, etc) hechos en plata o de joyas en miniatura.También aparecen también en estos belenes numerosos animales, muchos de ellos exóticos en esos momentos.

Todo esto contribuyó a que los belenes napolitanos alcanzaron altísimas cotas de refinamiento y belleza. El belén del PalauMarch es un magnífico exponente de lo que decimos.

CARLOS VII DE NÁPOLES (CARLOS III DE ESPAÑA)

Entre los siglos XVII Y XVIII se produjo un fuerte desarrollo del belenismo, las imágenes que antes eran rígidas (años 1500-1620) se hacen flexibles. Con el barroco se impulsó de forma definitiva la creación de belenes.

En el siglo XVIII la ciudad de Nápoles se puso en cabeza del arte del belén: allí se creó una escuela incomparable en cuanto a belleza, detalle y meticulosidad en las figuras. Mucho tuvo que ver en ello el Carlos VII, rey de Nápoles y de las dos Sicilias.

Este ilustrado rey se interesó mucho por el arte del belenismo y lo impulsó decididamente. La aristocracia secundó la idea. Como consecuencia en Nápoles proliferaron extraordinariamente los belenes y surgieron importantes imagineros belenistas.

Allí se comenzaron a construir las figuras articuladas, que más arriba hemos comentado. Incluso la real fábrica de porcelana de Capodimonte se puso al servicio de los encargos que el artebelenísticorequería.

Lo mismo ocurrió con escultores, los más reputados -como JusseppeSanmartino o losVassallo- se dedicaron a modelar en sus talleres cabezas para los protagonistas del Misterio así como las de los Reyes Magos, ángeles, pastores, odaliscas, turcos, etc.

Los grandes orfebres de la corte hicieron miniaturas de joyas auténticas para adornar las figuras que representan personajes de la clase alta.

Los artesanos que se dedicaban a la confección de trajes, hicieron réplicas en miniatura de las vestimentas habituales de las diversas clases sociales. Esos trajes a veces, para dar más verosimilitud a la escena, llevan un finísimo alambre en los dobladillos y los pliegues que realza la caída natural de la tela y aporta volumen a la vestimenta y por ende a la figura.

Ningún artista ni artesano de la ciudad quedó al margen de la actividad belenística.

Todo Nápoles desde el día de la Inmaculada -8 de diciembre- hasta el día de la Candelaria -2 de febrero- vibraba en torno a los belenes pues constituían un exponente le la riqueza y el buen gusto de las familias.

Hay que recordar que el rey Carlos VII de Nápoles y Sicilia, gran impulsor de las artes belenísticas, era un príncipe español: fue tercer hijo del rey de España Felipe V de Borbón y el primero que tuvo su segunda esposa, la culta princesa italiana Isabel Farnesio, duquesa de Parma, Piacenza y Toscana.

Isabel Farnesio, consciente de que sus hijos no heredarían el trono de España (el rey tenía dos hijos de su primer matrimonio), hizo todo lo posible por recuperar la perdida influencia española en Italia para colocar allí a su descendencia.

El mayor de sus hijos, Carlos, heredó inicialmente de su madre los ducados de Parma, Piacenza y Toscana (1731). Más tarde, al conquistar Felipe V el Reino de Nápoles y Sicilia en el curso de la Guerra de Sucesión de Polonia (1733–1735), su hijo Carlospasó a ser nombrado rey de aquellos territorios con el nombre de Carlos VII.

El rey Carlos cuando contaba 22 años de edad, contrajo matrimonio con María Amalia de Sajonia -14 años- hija de Federico Augusto II, duque de Sajonia y Lituania y después rey de Polonia. Hasta la muerte de la reina, un año escaso después de su llegada a Madrid como nuevos reyes de España, formaron un bien avenido y prolífico matrimonio. Se dice que la propia M. Amalia y las damas de su corte cosían y bordaban las ropitas que adornaban después las figuritas del Belén del palacio.

Cuando en España murió el rey Fernando VI (segundo hijo de Felipe V (el mayor, Luis, murió muy pronto, en vida del rey Felipe), Carlos -hijo mayor de Felipe V e Isabel de Farnesio, su segunda esposa- fue nombrado rey de España. Era el año 1759. Abandonó Nápoles y se convirtió en nuestro rey Carlos III, al cual Madrid debe tanto que los madrileños lo consideran el mejor alcalde de la ciudad.

Meses después de llegar los nuevos reyes, murió la reina en septiembre de 1760. El rey Carlos nunca volvió a casarse.

Este rey introdujo el belén napolitano en España.

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