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Crítica literaria por Ana Alejandre

El azar de la mujer rubia

El azar de a mujer rubia Manuel Vicent Alfaguara Madrid, 2012, 244 pp.

(ensayo novelado)

El azar de a mujer rubia
Manuel Vicent
Alfaguara
Madrid, 2012, 244 pp.

por Ana Alejandre

Con su penúltima obra Aguirre, el magnífico, Manuel Vicent demostró que su estilo tomaba un mayor acento valleinclanesco, con el retrato, casi daguerrotipo, que realizó de la figura de Jesús Aguirrre, el ex cura de izquierdas pero tan escorado a la derecha y a la aristocracia que cayó en el lecho nupcial de la Duquesa de Alba, haciendo un magnífico dibujo al aguafuerte de quien fue su amigo y de la ambición que mantuvo éste hasta su muerte, la que demostró hasta el final de su vida cuando fue enterrado en el panteón de la familia ducal, cúmulo y catafalco de sus aspiraciones a la excelencia, aunque sólo fuera a título de consorte.

En esta nueva obra de ensayo novelada, cuyo protagonista es Adolfo Suarez, el primer Presidente del Gobierno de la democracia española, y la coprotagonista es la desmemoria que sufre por la terrible enfermedad que padece, ha mostrado su maestría Manuel Vicent en construir un inmenso puzzle en el que todas las figuras que fueron protagonistas de los primeros pasos de la democracia en nuestro país, con sus claros y oscuros, van perfilando en la memoria de Suárez el mapa de la Transición española y de los tiburones que nadaban en las turbias aguas del cambio político y la entrada de España en ese difuso mar de la democracia en la que los contornos se difuminan y nadie sabe bien quiénes son los depredadores y quienes las posibles víctimas.

Con una prosa deslumbrante, pero con una mordacidad, ironía y sarcasmo sabiamente medidos, Vicent va dibujando el perfil de personajes tan conocidos como son Francisco Franco, El Rey cuando aún era un príncipe inexperto y después de ocupar el trono, Carmen Diéz de Rivera, Jesús Gil, Fraga Iribarne, Tierno Galván, Tejero, Santiago Carrillo, Dolores Ibarruri “la Pasionaria”, Felipe González, Zapatero. Rajoy y un interminable número de personajes de los que ya han fallecido algunos y otros todavía ocupan un puesto en la vida política o la abandonaron por razones de edad o de votos.

Naturalmente, y como explica el propio autor en el epílogo de la obra, ha mezclado ficción con la verdad de los hechos, cargando la tintas en situaciones y personajes, -en eso consiste el esperpento como recurso literario, pues al aumentar, exagerar y colocar la lupa de aumento sobre personajes y hechos, esa misma exageración los hace grotescos y aparece el esperpento-, porque jugar con la ficción es un arma ineludible para todo novelista, pero esa ficción sólo la utiliza Vicent para explicar hechos, intenciones y actitudes con lo que consigue hacer llegar al lector la verdadera imagen de esos personajes tan populares, pero tan desconocidos; tan admirados por unos y odiados por otros, porque la política es el ámbito en el que nunca existen las medias tintas: o se aplaude a un personaje o se pide su linchamiento, sobre todo en España, país lleno de contrastes y sentimientos feroces y apasionados que no admite matices ni componendas.

El tiempo narrativo discurre lineal desde los últimos días de Franco, después de la muerte de Carrero Blanco, hasta el presente, y entre este mosaico de personajes van aflorando los que aparecieron en la vida pública de forma cronológica, pero sin olvidar también ciertas digresiones, a modo de saltos en el tiempo, para explicar antecedentes del personaje en cuestión que ayude mejor a comprender su trayectoria profesional o política; pero, sobre todo, su catadura moral.

Naturalmente, esta obra no va a ser del agrado de muchos que la calificarán de tendenciosa porque representa a una determinada ideología que se nota en muchas de sus páginas, ya que Vicent, al matiza los perfiles de cada personaje, va dejando notas indirectas de simpatía o antipatía por afinidad política.

Esta novela-ensayo, porque tiene elementos de los dos géneros, es una obra excelente, en la que el lector se ve envuelto en esos difíciles años en los que España salía de una dictadura y entraba en un nueva época en la que las ideas de antes ya no servían, ni las personas, ni las instituciones. Todo tenía que reformarse y empezar de cero en un país en el que el modelo antiguo dejaba paso a nuevos aires europeos, modernos y demócratas; pero, también, por la falta de costumbre de respirarlos, el pueblo español se sentía confuso, atemorizado por los atentados terroristas, e inseguro en ese nuevo ambiente de libertad, pero también esperanzado en que la nueva sociedad que se estaba construyendo entre todos fuera mejor que la anterior, aunque todos tenían sus dudas razonables sobre la viabilidad del proyecto democrático, dudas que el aumento del nivel de vida económico y social parecía disipar.

El título hace referencia a la mujer rubia de ojos cristalinos que fue la consejera personal de Suárez y su supuesta amante, la que le servía de mediación ante el Rey y quien le imbuía de ideas más modernas, europeas y acordes con el ambiente de democracia y modernidad que España empezaba a estrenar, siempre basculando entre los extremos que representaba el cambio político y la apertura democrática, los asesinatos de ETA y el pronunciamiento militar golpista de Tejero y secuaces.

Esta obra excelente, imprescindible su lectura para quien quiera conocer, en una sola y larga mirada, el calidoscopio siempre fascinante, intenso, cambiante, dramático, ridículo a veces, vocinglero, colorista y esperpéntico de aquellos difíciles años que instauraron la democracia en España, después de salir de una dictadura.

España era el país que aún se creía que era el último reducto de la espiritualidad de Occidente, cuando ya el mundo occidental había dejado de creer en Dios, la Patria, las monarquías y la solidaridad entre los pueblos, sobre todo entre los vecinos que son siempre los más peligrosos, para instalarse en un agnosticismo cínico, mercantil y prosaico. Todo ello porque Europa ya se había instalado en el ambiguo pero utilitario territorio de la Comunidad Económica Europea con deseos expansionistas, poblado por mercaderes, cambistas, brokers, delincuentes de guante blanco y conciencia sucia, jugadores a la ruleta rusa de los ladrillos y la especulación del suelo que no se preocupaban cuándo se dispararía la bala que rompería a la burbuja y sobre quiénes caerían los ladrillos, los cascotes y la ruina; además de los soplagaitas sin escrúpulos que soplaban y soplaban para inflar el globo de la inflación, del paro y de la ruina de décadas después.

Sobre todo, esta obra muestra la madurez narrativa, la definición definitiva de un estilo literario que se ha ido decantando en Vicent hasta un marcado tono esperpéntico, en lo que lo real y lo inventado se funden en un extraño cruce, ensamblaje que dota de indudable fascinación a la prosa de un escritor que ha llevado su estilo a las últimas consecuencias, porque ya no parece tener vuelta atrás y el esperpento como figura literaria se perfila muy nítidamente en la obra de este escritor que cuenta historias, la de todos, pero en su prosa parece salir sólo de su prodigiosa imaginación, a la que la vida, la historia y los personajes reales sólo sirven de pretexto.

 

Las lágrimas de San Lorenzo

Las lágrimas de San Lorenzo Julio Llamazares Alfaguara Madrid, 2013, 193 pp.

(novela)

Las lágrimas de San Lorenzo
Julio Llamazares
Alfaguara
Madrid, 2013, 193 pp.

por Ana Alejandre

En esta nueva novela Llamazares demuestra nuevamente el buen escritor que es de narrativa, aunque se le conoce más por sus artículos periodísticos, guiones cinematográficos, libros de viaje y todos cuantos géneros ha tratado, empezando por la poesía a la que abandonó pronto para dedicarse de lleno a la prosa, a pesar de haber publicado dos excelentes poemarios como son La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1981) que lo revelaron como un excelente poeta.

En esta nueva novela, más bien una sincera y conmovedora reflexión sobre el paso del tiempo, inevitable en su discurrir, en la fugacidad de la vida y de todo lo que ella conlleva: amores y desamores, ilusiones, proyectos, decepciones, penas y alegrías que pasan rápidamente devorados por ese omnímodo fagocitador que es el tiempo, que termina, antes o después, devorando a todas las criaturas vivas.

Esta reflexión nace del recurso argumental de la contemplación de las lágrimas de San Lorenzo, fenómenos astronómico que se produce cada noche del día de San Lorenzo,10 de agosto, y que el protagonista -trasunto del propio autor como así se define en algunas de sus páginas de forma apasionadamente sincera en su narración-, contempla en la soledad de un paraje de Ibiza -isla en la que vivió décadas atrás, y en la que conoció la felicidad que sólo la juventud y su ímpetu permite llegar a sentir-, al lado de su hijo preadolescente, al que ve menos de lo que quisiera desde su separación, y al que intenta transmitir la misma experiencia que vivió en su niñez al lado de su padre esa misma noche, mientras las estrellas fugaces alumbraban el firmamento para desaparecer de la vista de los atónitos espectadores que las contemplaban como símbolos de la fugacidad de la vida humana. Cada estrella representa un ser querido ya muerto que seguirá brillando mientras permanezca en el recuerdo de quienes lo amaron, entre la emoción y la nostalgia, porque nadie muere de verdad hasta que su memoria muere con el último ser que le ha querido mientras vivía.

Esta novela, auténtica confesión de los miedos, la ilusión desengañada, el dolor por quienes ya no están, la nostalgia de personas y lugares y de quien y de quien una vez se fue y el tiempo ha desdibujado esa imagen que todo ser humano tiene de sí mismo de años atrás, dejando el poso de nostalgia, frustración, dolor y desilusión que la vida, esa gran maestra, enseña a quienes van cumpliendo años con la velocidad que el tiempo parece aumentar a medida que trascurre en su vertiginoso discurrir, pero dejando siempre el recuerdo nostálgico de los sueños que una vez se tuvieron y de los seres que poblaban esos días ya vividos que nunca volverán.

Excelente novela escrita sin mas pretensión que la de transmitir la autenticidad que destilan sus páginas a través de un lenguaje claro, diáfano y muy cuidado, hilado con indudable maestría narrativa, en cuyo propósito se advierte que el deseo de su autor, su logro, al fin, ha sido la de narrar lo que la vida, la de cualquiera, significa en el gran océano del tiempo, en el que se suceden las generaciones, unas tras otras, y todas van siendo engullidas por ese oscuro tunes del tiempo en el que todos entramos al nacer y sólo salimos al morir.

A través de sus páginas se advierte la ternura infinita, la timidez de un escritor, un pensador, al cabo, que parece hacerse preguntas, hacérnosla a los lectores, pero sin tratar de dar respuestas grandilocuentes y definitivas -tendencia muy acusada en muchos autores que parecen tener las respuestas para todos los grandes enigmas de la Humanidad-, sino trazando los perfiles de esas incógnitas con cuidadoso detalle, con delicadeza, invitando al lector a que busque por sí mismo las respuestas a esas preguntas comunes a todos: ¿Qué significa la vida? ¿Para qué se nace? ¿Por qué el tiempo transcurre tan deprisa?, etc., que, en el fondo, son las verdaderamente importantes para todo ser humano, aunque muchas veces se intenten obviar, ignorar y rechazar por miedo a esas mismas respuestas que se buscan y que a la vez se temen, por incómodas, relativas y desalentadoras que pueden ser y lo que puedan revelar.

Llamazares sabe trazar, con pericia y con sinceridad exenta de falsía, su niñez, tiempo de universidad, el paso por la isla de la felicidad, como llama a Ibiza en esos años de juventud e ilusiones que ya le parecen perdidos para siempre en su madurez reflexiva y desengañada, y los muchos destinos como lector de español en diversas universidades extranjeras que le han llenado la memoria de imágenes diversas, de personas que conoció en ellas, de experiencias, pero también de soledad, porque la soledad es otra protagonista que habita en cada página de estan gran novela, pero pequeña en su extensión.

Por esta pbra aparecen las mujeres a las que amó y se pregunta dónde estarán, con quién y si se acordarán de él. También los rostros familiares ya desaparecidos se asoman tímidamente tras el reflejo de algunas de esas estrellas fugaces que desaparecen en la distancia, como le enseñó su padre cuando era niño y que la vida le ha demostrado ser una gran verdad en cuanto a la fugacidad de la vida humana, al igual que el paso de esas estrellas por el cielo tachonado de su titilar hipnótico.

Llamazares ha escrito muchos libros, pero pocas novelas, siete en total contando la ahora comentada, aunque la segunda de ellas, El río amarillo, dio muestra sobrada de su gran talento narrativo, de su pureza como escritor y de su timidez que se asoma a través de las páginas, dejando la impronta de una gran ternura de hombre bueno, de ser pensante que no se conforma con los temas cotidianos y banales que le aturden y le pesan como a todos, sino que se plantea el verdadero significado de la vida, del tiempo y de la propia historia personal, porque se da cuenta de que la vida, el amor y la felicidad son como esas estrellas fugaces que iluminan el firmamento unos segundos para perderse en la oscuridad del Universo, dejando solo la estela sutil de su paso en la memoria y en el corazón siempre herido por el tiempo, saeta mortal que termina matando a todo ser vivo.

 

Dias insólitos

Dias insólitos Márcio Catunda Editorial Manuscritos Madrid, 2013

(poesía)

Dias insólitos
Márcio Catunda
Editorial Manuscritos
Madrid, 2013

por Ana Alejandre

En la poesía de Márcio Catunda se encuentra siempre una básqueda constante de la trascendencia, a través de la constatación del paso imparable del tiempo, de su fugacidad, del eterno cambio que el propio transcurso del tiempo provoca sobre los seres y sobre todo lo creado, demostrando la verdad que contiene la afirmación de Heráclito de que "todo fluye"; y en ese todo la propia vida es también el cauce del permanente cambio, de la continua transformación que sufre todo lo creado. Un ejemplo de esta inquietud por la eterna transformación se encuentra en las hermosas primera y tercera estrofa de sus

Poemas Zen:

¿Quién canta a lo lejos
dentro de la fugacidad?
Las hojas verdes crepitan en el verano.
Nunca más se repetirá este instante.
Incluso el cielo será otro
en el espejo del agua.

../..

Nada ha de ser
distinto a ahora.
Y, sin embargo,
ningún momento
es idéntico a otro.


Márcio Catunda se sumerge en las profundas aguas del misticismo oriental para intentar sacar a la superficie del mundo visible aquello que sólo es aprehensible por la mirada profunda y clara del poeta, del vasto contenido de verdades sutiles que se encuentra en las enseñanzas milenarias de los maestros e iniciados:Ramakrshna Maharshiis, Bodhidharma,Sidarta Gautama, y otros mucho para ofrecerlas, a través de la magia de las palabras, a los ojos lectores,haciendo así más límpido y claro el pronfundo sentido de verdad y belleza que se encuentra oculto a la mirada de los no iniciados, de los profanos en desentrañar los arcanos misteriosos que, ahora, su poesía nos ofrece de forma clara y nítida al desvelar con su hermoso lenguaje poético las claves del misterio que nos envuelve y del que formamos parte.

En sus poesías se encuentran resonancias modernistas en cuanto a la evocación de los mundos sutiles, mención de países exóticos, lejanos y desconocidos para los occidentales; palabras y nombres oriundos de dichos lugare remotos, musicalidad en el lenguaje poético (teniendo en cuenta que su idioma natal es el portugués y después ha sido traducida al castellano esta obra) interés por todo aquello que trasciende la cotidianidad, la realidad visible que sólo se manifiesta a quien está despierto espiritualmente para verlo o intuirlo en su manifestación fenoménica como sólo puede ser el poeta con su lúcida mirada. Un ejemplo de ello es la primera estrofa de su

Poema Taoísta

I
La recreación de mis sentidos
es intuir la paz de la que provengo.
Cuando absorto presiento el perfume nítido,
a la sombra pensativa de la quietud,
intuyo la noción a priori
de la memoria que bebe la nutritiva resina,
entre el césped y la nube.

Mis insignias son la semilla que fructifica;
el candelabro de signos, en el cielo del anochecer;
y la delicadeza que fluye en la sonrisa del niño.

En este poema y en otros muchos se advierten notas del simbolismo que subyace en la obra de Márcio Catunda. Este lenguaje simbólico en el que la metáfora aparece como un relámpago que ilumina el firmamento de su imaginario poético y que va más allá de la realidad visible, de lo que es y se deja ver, para elevarse desde el mundo visible hasta nociones más alambicadas y sutiles que conforman la realidad TOTAL, visible o no, como pregonan los místicos orientales cuando afirman que todo lo que nos rodea y es tangible sólo es un pálido reflejo de la verdadera dimensión del Tao.

Además, dedica varios poemas a distintos poetas, algunos de ellos simbolistas como Paul Valery, y a otros como a Pound, Rilke, Borges, etc., describiendo con palabras certeras y luminosas el mundo poético que envolvió a estos poetas ya desaparecidos, trayéndonos su imagen a través de las estrofas que les dedica y con las que parecen renacer de sus cenizas y del olvido con el que el tiempo parece cubrir todo lo que ha fenecido.

Sin embargo, Dias insólitos es mucho más, porque trata, como su propio título indica, de todas las cuestiones que atañen al ser humano en el discurrir de los día llenándolos con sus locos afanes, preocupaciones, ilusiones y fracasos, desde el simple hecho de dormir que, en el lenguaje precioso de Catunda toma una dimensión distinta, casi iniciática, porque a través del sueño el hombre vislumbra verdades. intuye certezas, contacta con otros planos de la existencia que enriquecen al soñante y le hacen sentir instantes de eternidad en forma de imágenes oníricas que le turban, le iluminan, le conmueven o le iluminan.

Días insólitos es un obra poética en la que caben muchas otras y distintas, pero en todos sus poemas, en todos los temas que sirven de reflexión y punto de partida al poeta, subyace la idea primigenia de su autor de trascender aquellos que los días traen de insólito dentro de la cotidianidad al alma despierta de quien, como Márcio Catunda, ve más allá de las apariencias y trata de descifrar del gran enigma del mundo sus más intricados secretos, aquellos que siempre están ocultos en las cosas más sencillas, en las más simples, como pueden ser la sonrisa de un niño y el corazón de cualquer ser humano que tenga la sensibilidad y la pureza para retirar el velo que cubre la verdadera esencia de los seres y las cosas, que es como decir que cubre con su manto de misterio el gran enigma de la Creación, del tiempo y de la vida que sólo la poesia puede desvelar, porque como dijo Shakespeare: "El poeta es el espía de Dios".

Quizás por ello, la poesía de Márcio Catunda nos desvela las claves del gran secreto que representa la propia existencia de cualquier ser humano que piensa y se pregunta:¿Quién soy? ¿Cuál es el significado de la vida?

Las respuestas las encontrará cada lector al compás de los poemas que ofrece este hermoso poemario, aunque no existen respuestas absolutas ni definitivas, ya que cada ser humano encontrará las que sean válidas para él cuando las hermosas y lúcidas palabras encadenadas como poemas de esta obra le ayudarán a ver más claro, más nítidamente, en el oscuro océano de dudas e incógnitas existenciales que, a través de estos poemas, podrá ver plasmadas en el bello lenguaje poético que saca a la luz las cuestiones trascendentales que permanecen siempre ocultas bajo la pesada sombra de la vida real y cotidiana, esperando la voz que haga esas preguntas que duermen esperando ser respondidas.

Excelente poemario que no dejará indiferente a los lectores que buscan en la poesía no sólo la expresión de la belleza hecha palabra, sino la idea luminosa plasmada en el lenguaje poético que es el único que le puede dar, sin duda, la rotunda belleza de la verdad conjugada con el misterio.

 

El maestro del prado

El maestro del prado Javier Sierra Planeta Barcelona, 2013, 320 pp.

(novela)

El maestro del prado
Javier Sierra
Planeta
Barcelona, 2013, 320 pp.

por Ana Alejandre

Esta nueva “novela” de Javier Serra, otro periodista reconvertido en escritor, pero al que se le ven todos los trucos del oficio, el del periodismo, no el de escritor, será leída por muchos que hayan caído en la trampa de que este libro "revela" el significado de las supuestas pinturas prófeticas que están expuestas en el Museo del Prado, todas ellas de maestros de la pintura como son Rafel,, Botticelli, Juan de Juanes,Tiziano, Brueghel, El Bosco y un largo etcétera.

El lector se encontrará, al final de la lectura, con la frustrante sensación de que ni le ha revelado supuestos secretos que estén implícitos en tales obras de los grandes maestros de la pintura, ni hay verdades ocultas puestas al descubierto, ni misterios desvelados, sino sólo interpretaciones sobre lo que el pintor quería decir a través de su obra con un lenguaje sutil, sólo comprensible para iniciados, para evadir así a la terrible Inquisición ante la interpretación personal que hacía cada artista de los Evangelios. Sin embargo, este libro en su hábil publicidad anuncia que tales obras de arte vaticinan o realizan profecías, descubren excitantes secretos que serán revelados a través de esta novela, por llamarla de alguna forma, que es un tratado divulgativo para todos los públicos de las obras de arte de carácter religioso que aparecen en la narración.

Esta supuesta novela, con personajes acartonados, hieráticos, prototípicos, que cumplen sólo el papel necesario para que el autor monologue incansablemente para dar todos los datos sobre cada obra, autor y su significación. A través de los personajes como son el propio Javier Sierra, su novia novelesca, Marina, el llamado “maestro del Prado, el doctor Fovel, personaje entre lo real y lo fantasmal, que le va instruyendo en todo lo que se refiere a cada obra “profética” en singular, su autor y su trayectoria artística y lo que representó en su época y, sobre todo, lo que esa pintura tiene de supuesto mensaje de lo sobrenatural, de profecía y misterio.

El lector va pasando las páginas deseando que se le revele algún misterio, pero sólo va encontrando las claves que muestran esas pinturas “proféticas”, y que sólo revelan algunas de las ideas heréticas de la época en las que fueron pintadas -siglos XV, XVI o XVII, en los que surgió el germen del protestantismo y se fue extendiendo por toda Europa, siendo perseguidos sus seguidores por la Iglesia Católica y su arma más poderosa contra la herejía como fue la Inquisición. Ese clima de peligro para quienes tuvieran un credo disidente de la ortodoxia católica motivó que muchos artistas que trabajaban por encargo de obispos, cardenales, aristócratas y miembros de las realezas europeas, tuvieran que pintar sus obras y expresar sus ideas, no siempre coincidentes con los dogmas del catolicismo, utilizando un lenguaje sutil y artístico que disfrazaba sus creencias ante los poderosos, pero mostraban a quenes las contemplaban y sabían su significado, oculto a la mirada de los no iniciados, su verdadero sentido o significado de adhesión a algunas de las ideas y creencias religiosas no coincidentes con la ortodoxia católica.

Cuando finaliza la obra, el lector se siente defraudado porque no hay secretos descubiertos, ni profecías reveladas, sino una amplia información artística de lo que cada obra objeto de comentario en la novela significa -mérito que no se puede ocultar de esta obra que está perfectamente documentada-, además de mostrar las ideas que sobre la religión tenía cada autor y que se pueden resumir en unas pocas que van desde la supuesta existencia del hermano gemelo de Jesús, a la verdadera naturaleza de San Juan Bautista, y desde la segunda venida de Cristo, hasta el día del apocalipsis etc.; que reflejan las creencias de los artistas, pero, especialmente, el miedo que tenían a exponerlas de forma directa a la vista de todos con los peligros que eso suponía, por lo que manifestaban sus ideas cubiertas por el manto siempre protector del arte y la belleza.

En el prólogo de esta obra el propio autor explica que las fechas, lugares, y situaciones han sido cambiadas, lo que se ajusta a la verdad en cuanto a las fechas, porque quien escribe estas líneas coincidió muchas veces con Javier Sierra en las reuniones de la S.E.D.P., en 1991, y, desde luego, eran un joven pero ya experto periodista, con varios años más de esos 19 que confiesa en la obra, que se trasladaba a la Costa Azul para reunirse con expertos ufólogos que estudiaban el caso Ummo.

El tiempo narrativo de esta novela es lineal y abarca unos pocos meses, por lo que se atiene a los principios clásicos narrativos de planteamiento, nudo y desenlace, en un constante despliegue de datos y desarrollo lineal de la acción -ésta es casi nula porque toda la obra se desarrolla en un constante diálogo del protagonista con unos y otros personajes-, mientras va desgranando datos pictóricos, artísticos, históricos, etc., sobre cada obra; pero sin que los personajes tengan ninguna definición psicológica que los haga creíbles, sino que son planos, de cartón piedra, lo que hace que la narración se convierta en un continuo tratado artístico, sin que la narración sea importante en ningún momento.

Javier Sierra se ha convertido en otro maestro de best-seller.amparado por su editorial, Planeta, especializada en ofrecer obras de ventas millonarias, pero de dudosa calidad literaria. Por el hecho que una obra sea muy documentada, se ajuste a la realidad histórica o artística, como es el caso de El maestro de Prado, no por eso se convierte per se en una obra literaria, y este es el caso de la supuesta novela de referencia. Ésta no es mas que una obra en la que se intentan mezclar los elementos que están dando muy buenos resultados económicos por sus altas ventas: misterio en el planteamiento de la trama argumental, una investigación a realizar para resolverlo, asuntos religiosos o trascendentales como telón de fondo, personajes que se mueven entre el mundo fantasmal y el real sin definir bien los límites entre uno y otro, y un continuo suspense -en este caso no se ha conseguido, a pesar del intento del autor por conseguirlo-, que debe ser resuelto en el último momento de la narración.

A pesar de que todos los elementos antes mencionados están presentes en esta obra, no se ha conseguido ni el suspense, ni que el lector se pueda interesar por lo narrado porque llega a olvidar que es una pretendida novela para convertirse en un pseudo “ensayo”, porque faltan elementos realmente literarios para que se dé ese supuesto: una trama argumental sólidamente construida, unos personajes bien definidos y creíbles y una narración que vaya discurriendo y creando una atmósfera que envuelva al lector y le haga sumergirse en la historia narrada con interés y emocion. Es un best-seller más de esta gran oleada que nos inunda entre novelas supuestamente históricas, góticas y estas otras que, a pesar de toda la erudición que ofrecen, no le hace por ello ser una obra literaria y se quedan en un mero libro de divulgación artística, pero que ha sido escrita con el estilo periodístico que Javier Sierra tan bien conoce y que se advierte en la simplicidad del lenguaje y en la concreción de datos, situaciones y personajes que la convierten en un libro de divulgación artística trufado de aspiraciones novelísticas.

Se puede decir que en esta obra sobran muchos datos artísticos, religiosos e históricos, pero faltan los ingredientes principales para ser una obra literaria y no sólo un simple libro de divulgación para todos los públicos, para que se le pueda llamar, de verdad, novela. Aunque, no cabe duda de que se venderá mucho y su autor y los directivos de la editorial se frotarán las manos muy satisfechos por los resultados obtenidos.

En definitiva, ganan todos y sólo pierden la literatura y los lectores defraudados que pagan el libro, pero eso es lo que menos importa en una sociedad en la que prima, por encima de todo, la cuenta de resultados, sobre todo si es una obra por encargo como es en esta ocasión, escrita por un autor que se ha especializado en ofrecer en sus libros los temas que "más se venden" que es, al fin y al cabo, lo que más importa.

 

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