Edición nº 23 Abril/Junio de 2013

Gustavo Bueno

Gustavo Bueno, filósofo.

por Ana Alejandre

Nació el 1 de septiembre de 1924, en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja). Cursó estudios de bachillerato en Zaragoza y estudios universitarios en dicha ciudad y Madrid. Realizó su tesis doctoral como becario en el CSIC. Posteriormente, obtiene, en 1949, con tan solo 25 años, una cátedra de Enseñanza Media en el instituto Lucía Medrano de Valladolid, comenzando en dicho año su labor docente, permaneciendo en dicha labor hasta 1960. En dicho año 1998 fue catedrático de Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos de la Universidad de Oviedo hasta 1998, año de su jubilación.

A partir de dicho año, continua su actividad en la Fundación Gustavo Bueno, con sede en Oviedo, cuya finalidad es el fomento de las investigaciones y estudios filosóficos. Dicha ciudad le reconoció como hijo adoptivo en 1995.

Fundó la revista El Basilisco y es autor de innumerables libros y artículos, entre los que destacan sus obras en las que realiza un análisis crítico de la religión a través de su teoría materialista, entre las que destacan títulos como El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión, (1986). También analiza la cultura en El mito de la cultura (1996); también hace un análisis de la historia en España frente a Europa (1999). Otras de sus obras más importantes cabe destacar, además de los mencionado anteriormente son: El papel de la filosofía en el conjunto del saber (1970), Ensayos materialistas (1972), El sentido de la vida (1996), Televisión: apariencia y verdad (2002), Telebasura y democracia (2002) y El mito de la izquierda. Las izquierdas y la derecha (2003).

Su pensamiento filosófico cabe encuadrarlo en una síntesis entre filosofía de la ciencia, metafísica, ontología y marxismo, porque Bueno defiende un singular materialismo filosófico. Para ello, defiende tres géneros de materialidad que son irreductibles entre sí: la exterioridad o corporeidad; la interioridad y los objetos abstractos. Por eso mismo, el materialismo dialéctico, según Bueno, exige una ontología que pone de manifiesto la "trama" o symploké de las diversas ciencias (Idea de ciencia desde la teoría del cierre categorial, 1976).

En cuanto a la ideología se le define de muchas formas: ateísmo católico -lo que quiere decir que es ateo esencial, pero que no rechaza el entorno cultural católico en el que ha nacido y vive-; también como marxista heterodoxo, pero crítico con el llamado "marxismo vulgar", ya que entiende el materialismo filosófico como una mera vuelta del revés del materialismo clásico; tomista no creyente, pero defensor a ultranza de la escolástica española iniciada en la Escuela de Traductores de Toledo; también se le considera platónico, entendiendo como tal la filosofía académica de la Academia de Platón. También se le considera de izquierdas, pero decantándose en la actualidad como integrante de una izquierda materialista muy crítica con las izquierdas que existen en España actualmente, lo que le ha valido por parte de aquéllas la acusación de haberse vuelto "conservador" y "nacionalista", porque Bueno defiende la idea de España que proviene de las Cortes de Cádiz.

En cuanto al materialismo filosófico, tiene en común con el materialismo tradicional la negación de todo lo que sea espiritual, es decir de todos aquellos seres o planos espirituales. Pero ello no supone que reduzca el materialismo a un mero corporeísmo, como hacen otros materialismos, porque el materialismo filosófico admite la existencia de seres materiales incorpóreos como puede ser la distancia que existen otros dos objetos cualquieras, próximos entre sí, es tan real esa distancia que es material incorpórea como los dos objetos materiales en sí; pero eso no significa que esa distancia como sea algo de tipo espiritual. Lo que viene a ser como decir que el vacío (no ocupado por objeto alguno) es un ente inmaterial, pero no espiritual.

Bueno, en su ateísmo, niega la existencia de Dios y, además, critica la idea filosófica de Dios como contradictoria, absurda e insostenible.

Se puede decir que su materialismo filosófico se puede definir en tres puntos o aspectos:
I.- El materialismo filosófico, en cuanto al concepto filosófico, se puede definir como un materialismo cosmológico, en tanto que sirve principalmente de crítica a la ideal del mundo como resultado contingente del poder creador de un Dios que, además, atiende a la providencia y al gobierno del mundo. Hay que tener en cuenta que el materialismo cósmico supone la concepción materialista de las ciencias categoriales, lo que le convierte en un materialismo gnoseológico.

II-El materialismo filosófico, en cuanto a su relación con la historia, se aproxima en muchas de sus concepciones al materialismo histórico hasta llegar a confundirse con él, excepto en el punto en el que el materialismo filosófico representa la crítica del idealismo histórico y de la intención de presentar a la historia de la Humanidad en relación con una "conciencia autónoma", desde la que se planeara el curso global de la especie humana.

III.- El materialismo filosófico, en cuanto a su concepto de la religión, adopta el cariz de un materialismo religioso en oposición al espiritualismo, es decir, la concepción de que los dioses, espíritus, almas y númenes son seres incorpóreos, proponiendo la realidad corpórea (no imaginaria o alucinatoria) de los sujetos numinosos que han existido al lado de los hombres durante toda su evolución, por lo que el materialismo religioso realiza la identificación de esos sujetos numinosos corpóreos con los animales, que desde el paleolítico están pintados en las cavernas y se guía por el principio que expone la siguiente frase: «el hombre no hizo a los dioses a imagen y semejanza de los hombres, sino a imagen y semejanza de los animales».























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