Ediición nº 21 de Octubre/Diciembre de 2012

Imágenes de Juan Ramón Jiménez
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Juan Ramón Jiménez
por Ana Alejandre
Nació el 23 de diciembre de 1881, en Moguer (Huelva) muy cerca de las minas de Río tinto y de las marismas del Guadalquivir, cuyo lugar de nacimiento le marcó profundamente por la blancura de sus casas y la pureza azul de su cielo, las estrechas calles, limpias y resplandecientes bajo la luz solar. Es un pueblo, casi una aldea, de labradores y marineros, cercana al mar y tiene una campiña muy rica en diversos cultivos de viñedos, maíz, fresas y otros frutos.
Fue el menor de los hijos de Víctor Jiménez y Purificación Mantecón, una familia acomodada de cultivadores y exportadores vinícolas. Estudió en el colegio de los jesuitas del Puerto de Santa María, en régimen de internado; y, posteriormente, se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, aunque no acabó dicha licenciatura, porque su verdadera vocación era desde siempre la poesía y la pintura, influido especialmente por las poesías de Rubén Darío, el poeta más influyente dentro de la corriente modernista en España, lo que le llevó a escribir poesía desde los quince años.
Se trasladó a Madrid, invitado por otro insigne poeta modernista, Francisco Vallaespesa. A raíz de esto, publica sus primeros poemas varias revistas y también sus dos primeros libros: Ninfeas, y Almas de Violeta, que están inspirados predominantemente en los poetas Bécquer y Espronceda. En la capital conoce y trata a intelectuales de la época como son Valle-Inclán, Unamuno, Manuel y Antonio Machado, José Ortega y Gasset, Pío Baroja y Azorín, entre otros muchos, con quienes se adhirió al krausismo, ideología muy común entre los intelectuales de aquellos años. Estas ideas se centraban en la rectitud moral frente a la sociedad, en el trabajo, y en el arte, con tal intensidad y convencimiento en ello que muchos de estos intelectuales y artistas estuvieron dispuestos a dar la vida en defensa de sus ideales.
La muerte de su padre, ocurrida también en 1900 y la ruina económica familiar le afectó profundamente en su ánimo, y desde entonces sintió verdadero pavor por la muerte, por lo que fue ingresado en el sanatorio Le Bouscat, en Burdeos, en 1901. Allí tuvo la oportunidad de leer a los poetas franceses y escribió su obra titulada Rimas, que fue publicado al año siguiente en Madrid, y en cuya obra se definía perfectamente la inclinación del modernismo de tendencia parnasiana hacia un claro simbolismo. Meses más tarde, se trasladó a la clínica neuropática Nuestra Señora del Rosario en Madrid, a finales de 2001, donde permaneció unos meses.
Posteriormente, en 1905, regresó a su tierra natal, Moguer, y escribió su famosa obra Platero y yo. Este libro, escrito en prosa poética, que le dio una gran parte de su fama universal, es Platero y yo (1917), en el que se mezclan fantasía y realismo en las relaciones de un hombre y su asno. Es el libro español que ha tenido más traducciones a lenguas extranjeras, junto a Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, lo que pone de manifiesto la enorme divulgación que ha tenido Platero y yo.
Regresó a Madrid dos años después, y fue en dicha ciudad donde conoció a Zenobia Camprubí, mujer catalana de la que se enamoró apasionadamente y, aunque ello lo rechazo al principio, consiguió convencerla para que se casara con él y una vez contraído matrimonio, viajaron a Estados Unidos, en 1916, viaje que le inspiró una de sus mejores obras: Diario de un poeta recién casado, que abrió una nueva etapa en su obra posterior, decantándose por la poesía pura. Dicha obra contiene verso libro, prosa, ritmos poéticos que le inspiraban el movimiento del mar, reflexiones humorísticas e irónicas; pero todo ello conforma un indudable canto de alabanza a la mujer, al mundo marino y al país que le inspiró la obra.
Su esposa, además de poseer una extraordinaria cultura, fue traductora de R. Tagore y feminista convencida, además de una figura decisiva e imprescindible en la vida de J. R. Jiménez, lo que destacan, sin duda alguna, todos los estudiosos del poeta.
De regreso a Madrid, se convirtió en un referente importante para quienes llegarían a ser los grandes poetas de la llamada Generación del 27, aunque las relaciones con estos jóvenes poetas se resintió por el carácter de Juan Ramón que, aunque era de una generosidad y sensibilidad extremas, era indudablemente rencoroso, por lo que dicho alejamiento se fue convirtiendo en una clara enemistad que alcanzó su cota más alta cuando Pablo Neruda publicó, en la revista de temas poéticos Caballo Verde, su Manifiesto de la poesía impura, que hirió profundamente a J.R. Jiménez.
Sus publicaciones continuaron incansablemente: Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919) y un título que supone uno de los puntos más importantes de su poesía, Estación total, escrito entre 1923 y 1936, aunque no fue publicado hasta 1946. En todas estas obras se advierte la completa identificación del poeta con la belleza, con la sensación de plenitud que le provoca la realidad del mundo y que alcanza niveles absolutos y su escritura une la realidad y la abstracción y, por ese motivo, el poeta se hace “poeta total”, que encarna la fusión entre el individuo y el universo, pero sin que esa unión signifique perder la propia singularidad individual que se expresa en la voz del poeta.
Desde 1925 a 1935, publicó sus Cuadernos que contenían toda su obra de ese período: poemas, cartas, recuerdos literarios y retratos líricos de poetas y escritores. Escribió también varios textos en prosa que fueron publicados, después de su exilio, con el título de Españoles de tres mundos (1942), pero anteriormente ya habían sido publicados en España en diarios y revistas previamente a su marcha definitiva.
Cuando se declaró la Segunda República, en 1931, fue entonces cuando se le diagnosticó un cáncer a Zenobia y el poeta se alía a la causa republicana, acogiendo a los niños huérfanos, para cuya causa destinó todos sus ahorros cuando marchó obligado al exilió en 1936, al estallar la Guerra Civil, al ser nombrado en agosto de ese año agregado cultural de la Embajada de España en Washington. En Estados Unidos recibió la invitación para pronunciar una serie de conferencias en la Universidad de Miami.
Cuando finalizó la guerra, en 1939, se vio obligado a quedarse en el extranjero y residió en Puerto Rico, La Habana, Florida y Washington, aunque posteriormente se instaló definitivamente en Puerto Rico, lugar al que la familia de Zenobia estaba fuertemente ligada desde siempre.
En América escribió los Romances de Coral Gables (1948) y Animal de Fondo (1949). Esas dos obras y el poema Espacio son la máxima expresión de lo que se conoce como su “tercera plenitud” y que son inspirados por el contacto directo con el mar.
Cuando ya estaba muy enfermo y residiendo en Puerto Rico, en 1956 le concedieron el Premio Nobel, aunque ese año también fue en el que vivió el drama del fallecimiento de su esposa, tres días más tarde de haberle notificado la concesión del Nobel, cuya pérdida no pudo resistirla, por lo que murió en San Juan de Puerto Rico, el 29 de mayo de 1958.
Comentarios sobre su obra:
La obra de Juan Ramón Jiménez, además de extensa, demuestra in una innegable evolución en pos de una perfección absoluta. Muchas de sus primeras obras fueron después rechazadas por el poeta que iba entresacando algún que otro poema y que retocaba en las sucesivas selecciones.
Toda la obra de Juan Ramón Jiménez está impregnada de una exigencia absoluta e irrenunciable: la de escribir una poesía que siempre tiene como inicio la sensación y se dirige por el cauce de su expresión hacia el deseo de belleza absoluta espiritual y estética.
Se advierte en toda su poesía la capacidad de transformar la realidad, lo concreto, las mismas sensaciones que percibe el poeta y dotarla de la inefabilidad en la que se aúnan la belleza expresada y la emoción que la origina, inspirado notablemente en Bécquer, y su búsqueda de lo sutil e inefable. El estilo poético que nace de esta unión de belleza y emoción dio origen a una nueva vía de expresión a la poesía española, alejándola así del modernismo e iniciando, al mismo tiempo, la introducción del simbolismo en España, lo que fue una causa importantísima y determinante para la aparición de la llamada Generación del 27, aunque siempre el propio poeta rechazó todo tipo de escuelas estilísticas y movimientos que encorsetaban la voz primigenia del poeta. Por ello, su poesía se independiza de cualquier movimiento poético, aunque siga influyendo notablemente a su obra el simbolismo hasta casi el final de sus días. Su estilo se fue depurando con el paso de los años, siempre encaminado a la perpetua búsqueda de la belleza absoluta, lo que era el norte al que apuntaba siempre su poesía, y del espíritu que intenta unir indefectiblemente con su esencial sentido lírico, siendo al mismo tiempo metafísico y abstracto, en una sutil combinación que produjo obras como Baladas de Primavera (1910) o La soledad sonora (1911).
Fue en su obra Animal de fondo donde da forma al símbolo con un lenguaje que está influenciado por una religiosidad panteísta y esencial que le dota a la poesía de una consciencia que le hacer ser más que palabra, pasando a tener una inteligencia primigenia para conocer, saber la verdadera naturaleza de las cosas, de lo real. El tiempo también es una dimensión más del espacio y se funde con él. Así Juan Ramón Jiménez, poeta romántico y simbolista, se convierte y muestra como un metafísico que dota a su poesía de una gran tensión poética que deviene de los hallazgos e iluminaciones que surgen desde lo más hondo de su exacerbada sensibilidad para mirar y comprender el mundo.
Mantuvo un gran interés por los temas lingüísticos y la simplificación de la ortografía –que expresa en su deseo de eliminar la “g” y sustituirla por la “j”, cuando sea igual su sonido, o rechazar el uso de la “x”, sustituyéndola por la “s”, en algunas ocasiones-, que nace más que por una preocupación gramatical, por la búsqueda de un mayor acercamiento entre el fonema y la grafía que lo representa, lo cual está defendido también por los vanguardistas que trataron de experimentar con el valor no sólo gramatical, sino plástico de la palabra en la página, en una búsqueda constante de expresión de la idea. Esta corriente vanguardista opinaba que la letra es la representación gráfica de un sonido, al igual que las notas en una partitura son la expresión de los acordes de una determinada composición musical.
Entre sus principales antologías se encuentran Poesías escojidas (1917), Segunda antolojía poética (1922), Canción (1936) y Tercera antolojía (1957), cuyos títulos responde a lo antes expresado sobre la sustitución de la letra “g” por la “j”.
La poesía de Juan Ramón Jiménez influyó notablemente en muchos de los poetas posteriores y, sobre todo, en los que formaban la Generación del 27.
Bibliografía y premios de Juan Ramón Jiménez
BIBLIOGRAFÍA
Rimas (1902)
Arias tristes (1903)
Jardines lejanos (1905)
Olvidanzas (1906)
Baladas de primavera (1910)
Sonetos espirituales (1914)
Diario de un poeta recién casado (1917)
Platero y yo (1917)
Primera antolojía poética (1917)
Eternidades (1918)
Piedra y cielo (1919)
Poesía (1923)
Belleza (1923)
Unidad (1925)
Sucesión (1932)
Presente (1933)
Ciego ante ciegos (1933)
La Estación total (1923-36)
En el otro costado (1936-42)
Españoles de tres mundos (1942)
La estación total (1946)
Romances de Coral Gables (1948)
Dios deseado y deseante (1948-49)
Animal de fondo (1949)
Dios deseado y deseante (1949)
Espacio (1954)
Tercera antolojía poética (1957)
PREMIOS
Premio Nobel (1956)
ENLACES
http://www.fundacion-jrj.es/
http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/jrj/default.htm
http://www.poesia-inter.net/indexjrj.htm
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1868
http://www.los-poetas.com/d/juanr1.htm
http://www.insula.es/numero.jsp?rev_codigo=677
Muestra poética de Juan Ramón Jiménez
PRIMAVERA Y SENTIMIENTO |
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